Una noche en la universidad con mis dos mejores amigas


¿Alguna vez habéis vivido una de esas experiencias que os cambian la vida? Puede ser un viaje al extranjero, abrir tu propio negocio, independizarte… hay mil opciones. La experiencia que cambió mi vida llegó en lo que parecía que iba a ser un jueves como otro cualquiera. Sin embargo, para que entendáis mi historia tengo que retroceder unos cuantos años.

Siempre he sido un chico muy callado, pero el primer día de clase en la universidad comencé una amistad que perdura hasta el día de hoy. Desde la facultad de derecho nos habían mandado un e-mail en el que nos informaban de que dos horas antes del inicio de las clases unos alumnos de último curso nos harían un tour por el campus y ahí que me apunté.

Lo primero que me llamó la atención al llegar fue una chica que llevaba una camiseta con el logo “Hard Rock Cafe: Mordor” (soy un gran fan de El Señor de los Anillos), pero enseguida me fijé en las enormes tetas que lucia en relación a su baja estatura (1,50 m aprox.) y en su pelo ondulado de color rojo oscuro, seguramente fruto de algún tinte para cabello. Animado a ser un poco más abierto en mi nueva vida universitaria me lancé a hablar con ella:

-Bonita camiseta- Le dije con la mejor de mis sonrisas en la boca

-¡Gracias! ¿Te gusta Tolkien?- Me replicó ella, devolviendome el gesto

-Soy superfan de todo lo que ha escrito y la verdad es que tu camiseta me encanta, no he podido evitar decírtelo. Pero perdona que te abordé así, te debo parecer un maleducado.

-Qué va, la verdad es que ando bastante perdida, y es genial poder hablar con alguien que esta igual que yo, así que realmente me has hecho un favor- Dijo riéndose. Para ese momento yo ya estaba convencido de que la personalidad alegre de la chica era de las que me gustaban.

-Bueno, me alegra oír eso, me siento un poco menos mal. La verdad es que me cuesta abrirme, pero parece que al final ninguno de los dos lo ha hecho mal del todo- Dije arqueando una ceja de forma interrogativa -Bueno, a todo esto, me llamo Javi-.

-Yo Noemí, es un placer-

A partir de ese momento, Noemí y yo nos convertimos en uña y carne. Nos sentábamos juntos en todas las clases, hacíamos los trabajos de las asignaturas juntos, ya sabéis. Se podría decir que nos convertimos en los mejores amigos el uno del otro. Yo no podía negar que me ponía a mil, pero conociéndome como me conozco jamás habría intentado nada con ella. Por aquel entonces era tremendamente tímido para esas cosas y la sola idea de que me rechazase y se rompiese nuestra amistad era motivo suficiente para conforme con la paja diaria que me hacia en su honor con alguna que otra foto de Facebook.

Es verdad que nos relacionábamos con el resto de compañeros de clase, pero no era lo mismo. Ninguna otra chica era tan alegre, divertida y abierta como Noemí, ni tampoco compartía tanto mis gustos (con el tiempo descubrimos que los dos eramos unos verdaderos amantes de la cultura geek), por lo que nuestro minusculo grupo permaneció intacto todo el primer año. Sin embargo, al comienzo de segundo curso llego María procedente de otra universidad, la pata que faltaba en nuestro taburete.

Era una chica delgada, morena, con pecho pequeño y un poco más alta que Noemí. Por aquel entonces tendría unos 22 años (nosotros teníamos 19) y tenia un aire punk muy interesante en su forma de vestir. Era más tímida que Noemí (diría que incluso más que yo), pero congeniamos muy rápido y enseguida estaba integrada en nuestro grupo como si fuéramos amigos desde preescolar. Al poco empezamos a salir, ir a conciertos y, para que negarlo, pillarnos alguna que otra borrachera, lo cual nos lleva directamente a la historia que os quería contar.

Era un día típico en la facultad de Derecho de mi universidad, donde estaba ya cursando tercer año de carrera. Al contrarío que muchas otras carreras, la nuestra siempre tenía clase los viernes, por lo que hasta la fecha no habíamos podido disfrutar de uno de los famosos “Jueves Universitarios” de los que tanto hablaban en otras facultades. Sin embargo, justo esa semana había convocada una huelga para el viernes, por lo que era nuestra oportunidad para salir un jueves y no sentirnos mal por saltarnos las clases.

Justo al terminar las clases ese día comenzamos a organizarlo todo:

-¿Bueno, cual es el plan?¿Habéis pensado en algo?- Les pregunte justo al salir de clase

-Tenemos el piso vacío hasta el lunes, los demás se vuelven al pueblo, así que podemos pasar por el supermercado, comprar algo para cenar y beber, tomárnoslo todo en casa con calma y cuando ya estemos animados podemos salir a algún sitio. María, ¿como se llama ese nuevo local Heavy que me comentaste?- Sugirió Noemí

-La Lanza de Odin, esta a diez minutos de casa, me parece una opción guay para ir- Contesto María.

Como habréis deducido, María y Noemí vivían juntas. Tras llegar en segundo año, María alquiló una habitación en la residencia del campus, pero tras ganar confianza con Noemí se fue a vivir al piso en el que ella estaba alquilada con otros dos compañeros. La verdad es que me habría encantado vivir con ellas, pero justo al lado de la universidad vivía mi tía, quien se ofreció a acongerme en cuanto se enteró de que me admitieron en la carrera. No me puedo quejar, siempre me ha tratado genial y no me ha cobrado nunca, pero la idea de compartir casa con ellas y verlas sin sujetador o al salir de la ducha solo con una toalla era una fantasía muy recurrente.

Tras comprar un par de pizzas y más botella de alcohol de las que deberían estar permitidas nos fuimos a su piso y lo preparamos todo. Fue una cena agradable, como siempre, con risas constantes y muy buen rollo, pero lo mejor llego al terminar la comida.

-¡Mirad lo que traigo!- Noemí apareció por la puerta con una bandeja en la que habían (no os miento), más de 30 chupitos de diferentes colores

-Joder tía, te has pasado, como nos tomemos todo eso ya no nos levantamos- dijo María entre risas

-¡Se nota que hoy quieres empezar la noche a lo grande! ¿Y que hacemos?, ¿vamos bebiendo y ya?- Dije yo

-Que va, tonto, la idea es que hagamos alguna especie de juego o algo y quien pierda bebe. Vete preparando, por que con lo patosete que eres seguro que acabas ciego en el sofá mientras nosotras nos vamos de fiesta- Comentó Noemí dejando la bandeja en la mesita del comedor y sentándose en una de las tres sillas que había colocado antes.

-Bueno, me parece guay hacer algo diferente, ¿no crees, Javi?- Asentí resignado, es verdad que soy bastante torpe para los juegos de habilidad- Podríamos jugar a colar la moneda en el vaso y que beba el siguiente, ¿os parece?- Propuso María

-¿Y si hacemos algo más tipo preguntas sobre un tema y quien falle bebe? Joder, es que ya sabéis que soy manco para estas cosas, no es justo si solo bebo yo…-

-A ver, lo genial sería jugar a “Reto o Trago”, pero conociendo como sois los dos de vergonzosos os rajareis en la primera ronda- Dijo Noemí con una mirada de desafió.

-¡Oye, eso no es justo! Vale que tu tienes más confianza en ti misma que nosotros, pero eso no quiere decir que seamos unos cobardes. ¿Sabes que? Me apunto. Te pienso demostrar que puedo ser mucho más atrevida que tu- Contesto María, cayendo muy inocentemente en la trampa de Noemí- Ya veras, entre Javi y yo te vamos a tumbar. ¿Qué me dices, Javi?-

-Dalo por hecho- Conteste yo, intuyendo que de este juego podría sacar alguna que otra confesión o material para mis fantasía solitarias- Te vamos a demostrar que somos unos lanzados, a ver, ¿En que consiste ese juego?.-

-Muy fácil, uno propone un reto a otra persona. Si la persona lo cumple, beben los demás y si no lo cumple se le elimina del juego. Lo normal es jugar con más gente para que cuando alguien caiga eliminado podamos seguir jugando, pero siendo que sois tan “valientes” seguro que no eliminaremos a nadie, ¿verdad?- Contesto Noemí con una sonrisa picarona entre dientes

-¡Aquí la única en caer eliminada vas a ser tu!- Replicó María con una actitud que demostraba que estaba deseando ponerse a prueba a si misma.

Los tres nos sentamos entorno a la pequeña mesita donde descansaba la bandeja de chupitos y comenzamos a jugar. El comienzo del “Reto o Trago” la verdad es que me decepcionó un poco. Esperaba confesiones del tipo “¿Cual es tu postura favorita?” o “¿Has hecho tal o cual cosa?”, pero realmente este juego en concreto se limitaba a proponer desafíos. El primero de los míos consistió en salir al balcón y gritarle un piropo a un señor mayor que caminaba por la calle. Toda la gente en la acera se me quedó mirando y empecé a replantearme si de verdad había sido buena idea aceptar el reto.

-Me da que alguien ya esta pensado en rajarse…- Dijo Noemí con una sonrisa en la boca al ver mi cara tras volver al comedor.

-Vamos, Javi, no puedes fallarme, aguanta- Replicó María, justo antes de coger su correspondiente chupito y beberlo de un trago

La siguiente en jugar fue María, a quien le toco bajar al piso de abajo a pedirle a la vecina un consolador. Tendríais que haber visto su cara, fue un poema, pero la verdad es que se río bastante cuando Noemí y yo bajamos la escalera y le explicamos a la vecina lo que estábamos haciendo. Noemí lo contó todo sin ninguna vergüenza, estaba claro que iba a ser una rival dura a batir.

Cuando le llegó el turno de jugar le dijimos que cogiese una de sus bragas, la lanzase por la ventana a la calle y bajase a recogerlas. Mi amiga no dudo ni un segundo, se fue a la habitación y volvió con un tanga de color azul oscuro en la mano. Solo por la visión de ese tanga el juego había merecido completamente la pena. Como podréis imaginar, cumplió el reto sin problemas (pese a las miradas de todos los que pasaban por la concurrida calle) y María y yo tuvimos que beber otro chupito.

Las rondas pasaban y poco a poco, seguramente gracias al alcohol, fuimos ganando confianza para superar los retos. Que si tirarnos un pedo delante del resto, que si llamar a algún conocido e insinuarnos, bailar de forma ridícula… cada vez nos lo pasábamos mejor y no dejábamos de reír, hasta que finalmente Noemí se levantó y dijo:

-Bueno, creo que ya va siendo hora de pasar al siguiente nivel. De momento lo hemos pasado bien, pero esto no son retos de verdad, ahora empieza lo bueno- se notaba bastante que el alcohol había hecho que se desmelenase del todo- Javi, te toca, y tu reto es… que nos des a cada una un beso en los labios.

En ese momento tragué saliva. Mi expresión, una mezcla de asombro y terror, lo decía todo. Durante un momento miré a María, estaba completamente blanca y se notaba que acabada de darse cuenta de por qué Noemí estaba tan convencida de que nos terminaríamos rajando. Sin embargo se giró y me dijo:

-Javi, ya hemos llegado hasta aquí, así que no te puedes rajar. Si yo he bajado a pedirle un dildo a una mujer de sesenta años tu puedes hacer esto. Ya veras, Noemí, cuando te llegue el turno te vas a cagar-

Me armé de valor y me acerqué a María. Ella había cerrado los ojos, así que me aproxime, incliné un poco la cabeza y al besé en los labios. Superado el primer instante de shock y vergüenza me sentí en la gloria. No voy a mentir, creo que ese inocente beso duro por lo menos diez segundos y ninguno se apartó. Cuando ya nos despegamos miramos a Noemí con expresión victoriosa y yo me aproximé a ella para continuar con mi reto. Para el segundo beso estaba mucho más confiado, si había llegado hasta aquí quería decir que todo estaba permitido en este juego, no me iban a para los pies o acusarme de “salido”.

El beso con María fue especial, pero lo de Noemí no tiene palabras. Mientras la besaba le puse la mano en la mejilla y ella me puso la suya en el hombro y como mínimo fue tan largo como el anterior.

-Bueno, ¿que te parece? Al final tengo más agallas de lo que pensabas- Dije orgulloso y bastante excitado.

-Pues la verdad es que si, pensé que te retirarías aquí- Noemí bebió su correspondiente chupito al terminar la frase -Al final me va a tocar subir más el nivel…

-Tal vez seamos nosotros los que lo subamos, así que prepárate- dijo María con renovada confianza. Nunca había visto así de lanzada a la tímida morena.

-Bueno, eso me gustaría verlo, pero mientras tanto te toca jugar a ti, María- Noemí se froto las manos -Vale, pues vas a lamernos el cuello a Javi y a mi.

-Eso no va a ser problema-

Se lanzo directa a mis brazos y con un escueto “con tu permiso” comenzó a lamerme el cuello de abajo a arriba, llegando casi hasta el lóbulo de la oreja. María no se cortó un pelo, no se limitó a pasar la punta de la legua, sino que la uso toda para dar lamidas realmente largas y lentas, como saboreando y disfrutando con lo que estaba haciendo. Tras terminar conmigo paso directamente a cuello de su amiga, con la que también se esmeró, provocando que en mi pantalón apareciera un incipiente erección. Enseguida cambié de postura lo más rápido que pude para disimularlo, justo al tiempo que mis amigas se separaban y podía ver el cuello de Noemí brillante por la saliva.

Antes que yo pudiera sugerir nada, María se lanzó a retar a Noemí con su siguiente desafío:

-Creo que ya te hemos demostrado que no somos unos cobardes, así que ahora te toca a ti- Dijo lanzándome una mirada cómplice -Vas a comernos la boca con lengua a Javi y a mi y no vale cortarse ni un pelo-.

-¿Cómo?¿Así?- Y sin dar tiempo a reaccionar, Noemí saltó hacia María y le planto el beso más caliente que he visto en mi vida. Por el movimiento de sus bocas se podía intuir que no estaba escatimando en el uso de la lengua. De vez en cuando los labios llenos de saliva se despegaban y podía ver como las dos lenguas luchaban por entrar en la boca de la otra.

Sin despegarse de María, Noemí estiró el brazo, me agarró la manga de la camiseta y me atrajo hacia ellas. Tenia la cara a escasos centímetros de las suyas y mi amiga aprovechó la ocasión para comenzar a besarme a mi. Me metió la lengua hasta la garganta, mientras nos abrazaba a los dos, atrayéndonos hacia ella y consiguiendo que mi cara se juntase con la húmeda mejilla de María, que tenia la respiración acelerada. Después de unos segundos gloriosos Noemí se separó de nosotros y dijo:

-Bueno que, ¿os ha parecido los suficientemente atrevido?- Su cara tenia una expresión increíblemente erótica y sus labios estaban enrojecidos después de tanta acción -Creo que os toca beber-.

María y yo todavía teníamos las caras pegadas y aun no asimilábamos lo que acababa de pasar, pero hicimos caso y cumplimos nuestra parte. Ahora me tocaba volver a jugar y me invadía una mezcla de sensaciones: por un lado estaba como loco por lanzarme al siguiente reto, pero por el otro mi yo interior suplicaba que no me hiciesen levantar de la silla, por qué lo que tenía en los pantalones ya era muy difícil de disimular.

Dejamos los vasos vacíos sobre la mesa y Noemí le hizo un gesto a nuestra amiga para que se acercase. Le susurró algo al oído, pero no llegué a entender que era. María puso cara de sorpresa durante un instante, pero enseguida asintió con la cabeza. Lo que estaba por venir iba a ser fuerte.

-Venga va, díselo tu- le espetó Noemí a María

-¿¡Qué?! No, no, no, díselo tú.

-Al final soy yo la que siempre lanza los retos, ahora no vale que te cortes, venga, va díselo

-Vale…-Acabó diciendo María- Tienes… Tienes que quitarnos los pantalones… y después.. olernos y lamernos las bragas…- No fue capaz de mirarme a los ojos mientras decía la última parte.

-¿Ves como no era tan difícil? Bueno Javi, ¿Qué?¿Te atreves o te retiras?

Yo, sin decir nada, me puse de rodillas y me acerqué hacia María disimulando lo más que pude como tenía la polla. Ella todavía estaba sentada, así que aproveche para desatar los cordones de sus Converse negras y quitárselas.

-Va a ser un poco difícil si no te pones de pie- Dije de la forma más amable posible, se notaba que mi amiga estaba muy nerviosa.

-Si, claro, perdona…

Con María ya levanta, mi cabeza quedaba un poco por debajo de sus caderas, a un palmo de su ingle. Empece quitándole el cinturón que sujetaba sus jeans, a lo que ella me ayudó dándose la vuelta y dándome un increíble primer plano de su culo en los apretados vaqueros. Cuando volvió a estar de cara a mi empecé a desabrochar los botones y a tirar hacia abajo del pantalón.

María se llevó las manos a las bragas para que no se bajasen junto a la prenda que le estaba quitando y levantó las piernas consecutivamente para que terminase de retirarla del todo. Tras eso quedó delante de mi una imagen increíble: mi amiga llevaba unas bragitas grises, de algodón, con algunas finas rayas de colores que las cruzaban. Por la forma juraría que no era un tanga, aunque no podía asegurarlo por qué estaba demasiado cerca para poder verle el culo. Lo que más me chocó de todo fue ver como entre los muslos la tela estaba mucho más oscura: estaba terriblemente mojada.

La agarré por las caderas y la acerqué a mi, pegando la nariz completamente a su sexo cubierto por la fina tela. Enseguida noté que no debía estar depilada, al menos no del todo, por qué la zona estaba un poco mullida. Aspiré y me envolvió un olor a fluidos y deseo indescriptible. Saqué mi lengua y comencé a lamer toda la superficie, sintiendo las formas de su monte de Venus y las irregularidades de su vello púbico. Tras algo así como medio minuto, me aparté y observé como toda la tela gris ahora era de un tono más oscuro por mi saliva y la zona que quedaba entre los muslos, los cuales María intentaba apretar para disimular, ahora había adquirido un tono brillante por lo empapada que estaba.

Giré 180 grados y Noemí ya me estaba esperado con las zapatillas quitadas. En este caso, ella llevaba unos leggins de los que pude tirar sin dificultad. Mientras bajaban note como las finas gomas de los laterales se enrollaban un poco: casi seguro que era un tanga. En este caso, la ropa interior era de color negro, por lo que no pude ver si estaba tan mojada como María. Me acerqué para cumplir mi reto, pero en ese momento Noemí se movió un poco para acercar una silla. Puso la pierna izquierda doblada sobre ella, como si subiese una escalera, dejando sus ingles completamente abiertas y despejadas para mi.

Al abrirse de piernas enseguida noté el calor que manaba de su coño y el dulce olor que se hizo más intenso según me acercaba. Al posar mi nariz en su parte superior note que Noemí si que estaba completamente depilada. Poco a poco fui oliendo, chupando y bajando hasta que llegué a su entrepierna. Estaba increíblemente mojada y los labios estaban completamente hinchados. Absorbí todo lo que pude la tela, llenando mi boca de los fluidos saldos, y comencé lamer el hueco que se había formado en la zona en la que la tela del tanga se había metido entre los labios. Poco a poco la respiración de Noemí se aceleró, hasta que finalmente bajó la pierna que tenia apoyada en la silla cerrándome las puertas del paraíso y dando por concluido mi reto. Pasé la lengua por mis labios y saboreé los últimos restos de los jugos de mi amiga.

Sin decir nada, las dos se aproximaron a la mesa, agarraron sus correspondientes vasos (ya apenas quedaban diez) y se los bebieron de un trago. La siguiente en jugar sería María, pero antes de que tuviera tiempo de pensar un reto para ella, Noemí se me adelantó:

-Hazle a Javi lo mismo que nos ha hecho a nosotras-

Claro, esto entraba dentro de su plan. Era casi imposible que no se hubiera dado cuenta de mi empalmada a estas alturas y quería ponernos a prueba a los dos por partida doble. Ya había perdido toda la vergüenza, así que me puse de pié frete a María, la cual se arrodilló ante mi sin dejar de mirarme los ojos y dejando la mano apoyada sobre el bulto de mis pantalones mientras me quitaba el cinturón y bajaba la cremallera.

Quitarme del todo los vaqueros fue una liberación, ya me dolía tenerla tan encerrada. Mi polla saltó como un resorte, quedando a escasos centímetros de su cara. Llevaba unos calzoncillos de licra elásticos de una tela bastante fina, por lo que las sensaciones fueron como si prácticamente no llevara nada. Con una mano, me sujetó la polla para apartarla un poco y hundió su cabeza en mis huevos, a lo que yo ayudé separando un poco las piernas. Noté como aspiraba fuertemente y al poco empezó a chupar, humedeciéndome las pelotas al instante. Al poco, empezó a subir, soltó la mano y empezó a lamerme el pene desde la base hasta la punta, la cual se llegó a introducir un poquito en la boca durante un instante. Aun no me explico como fui capaz de no correrme en esa situación.

-Reto superado- Susurro María alzando la vista y mirándome a los ojos.

Le tocaba a Noemí, y esta era mi oportunidad. Las tetas de mi amiga siempre me habían vuelto loco y no podía irme de allí sin probarlas. Antes de que María pudiera sugerir nada me adelante:

-Muy bien, nosotros hemos cumplido, ahora te toca, Noemí. Vas a quitarte el sujetador y vas a dejar que María y yo te comamos las tetas, una cada uno-

-Vaya, que espabilado te has vuelto derrepente- Añadió ella con una sonrisa picarona.

-Siempre puedes negarte y caer eliminada- Dijo María, retante.

-Eso ni lo soñéis- Y casi antes de terminar la frase se estaba quitando la camiseta, la cual tiró al suelo sin preocuparse demasiado por donde caía.

A continuación se sentó en su silla y separó mucho las piernas, invitándonos a María y a mi a colocarnos en medio para tener una visión perfecta. Me puse en el lado derecho y aunque aun no se había quitado el sujetador (negro, a juego con el tanga) ya se podía distinguir perfectamente los duros pezones que coronaban sus enormes tetas.

Con un hábil movimiento se liberó de la prenda y nos dejó contemplar sus pechos en todo su esplendor. Pese a su tamaño, no había ni una sola estría y los rosados pezones no eran ni grandes ni pequeños: eran perfectos. Me arrimé un poco más y con la mano derecha sujeté la teta mientras comenzaba a chupar y succionar ruidosamente el duro pezón.

Seguí así cerca de un minuto, hasta que noté que María, que estaba pegada a mi por el reducido espacio, temblaba un poco. Aparte la mirada del busto de mi otra amiga y vi que lo que se movía era su brazo derecho. Al bajar un poco más la vista descubrí el porqué: no había podido aguantar más y se estaba masturbando. Tenia la mano metida en las húmedas bragas grises y, de cuando en cuando, los movimiento rítmicos bajaban un poco la tela y me permitían ver el comienzo de su vello púbico.

Al contemplar esa imagen no puede resistirme e hice lo propio: metí mi mano libre en los calzoncillos y empecé a hacerme una paja. Mientras tanto, mi boca volvió a centrarse en la teta de mi amiga pelirroja, la cual se retorcía a cada pequeño mordisco. Supongo que ella también debió percatarse de que María y yo nos estábamos masturbando, por qué con un hábil movimiento aparto un poco su tanga y empezó a meterse los dedos sin ningún pudor.

No podía apartar la mirada de su húmedo coño siendo penetrado por el corazón y el anular. Finalmente me armé de valor y me bajé los calzoncillos: si me iba a hacer una paja pues mejor que me vean. Mientras me terminaba de quitar la ropa interior y mi mano izquierda volvía a mi polla, María debió percatarse de lo que pasaba: tanto Noemí como yo teníamos nuestro sexo al aire, a la vista de todos. Mi delgada amiga morena dedicó unos segundo a mirar detenidamente el coño empapado de Noemí para pasar después a mi pene. Acto seguido se quito la camiseta, el sujetado y estiró su mano, todavía mojada de sus propios fluidos, para masajearme los huevos. Aproveché para separarme un momento de las tetas de Noemí y empezar a sobar las de María, las cuales eran bastante más pequeñas, pero tenia tenían unos pezones y areolas que sobresalían un poco como si fueran pequeños botones, cosa que me encantaba.

Finalmente dejé de pajearme y María aprovecho la oportunidad para continuar donde yo lo había dejado. Me agarró firmemente la polla y me masturbó con una habilidad que nunca habría esperado de una chica tan tímida como ella. Por supuesto yo no fui menos y metí la mano en sus bragas y tras acariciar un poco su vello púbico empapado comencé a masajearle el clítoris y a introducirle los dedos.

Noemí estaba apunto de correrse simplemente viendo el espectáculo que estábamos dando, así que se levanto y se quitó el tanga del todo. Estaba de pie justo a nuestro lado, y aprovechó la posición para agarra la cabeza de María y guiarla hasta su coño, el cual comenzó a comerse sin dejar de hacerme la paja con una mano y pellizcarse los pezones con la otra. Mientras tanto a mi se me había quedado una visión esplendida del redondo culo de Noemí, así que hundí mi cara entre sus nalgas y comencé a lamerle el ano.

Cada vez gemía más fuerte hasta que sucedió lo que tenía que pasar: se corrió. Mi amiga estaba tan cachonda que la corrida llegó acompañada de un enorme squirt que llenó la boca de María, quien se aparto para poder respirar. Justo aproveché ese momento para acercar mi boca y beber del líquido que no dejaba de brotar. Casi parecía que la pobre chica se estaba meando encima, pero nada más lejos de la realidad, se estaba corriendo como nunca antes lo había hecho.

María y yo nos pusimos de pie y Noemí comenzó a comernos la boca alternativamente, sorbiendo los restos que nos quedaban de su propia corrida. Finalmente nos fundimos en un beso triple y Noemí y yo intercambiamos miradas cómplices. Sin que se lo esperase, agarramos entre los dos a María y la alzamos hasta sentarla en borde de la mesa grande del comedor. Todavía conservaba las empapadas bragas grises, pero la pelirroja solucionó el problema en un abrir y cerrar de ojos con un hábil tirón, tras el cual lanzo su boca al coño de su amiga sin perder un instante. Al mismo tiempo, con una de sus manos, agarró mi polla mientras su lengua seguía recorriendo los carnosos labios de María.

Mientras tanto, María observaba atentamente mi paja sin dejar de gemir. Acercó su pie a mi pecho y empezó a hacerme caricias con el, a lo que yo respondí cogiéndolo y llevándomelo a la boca. Le lamí los dedos, la planta y el talón, lo que fue suficiente para que pasase de los gemidos a los gritos desesperados más propios de una perra en celo que de mi tímida amiga. Estaba desatada, a punto de correrse, y Noemí no quería que me perdiese esa oportunidad: se aparto y me dejó el coño de María completamente libre para mi. Me lancé a lamerle los abultados labios mientras le metía un par de dedos. Alternaba cálidos besos en el pubis con pequeños mordiscos en el clítoris y algún que otro lametazo en el ano que hacían que la morena vibrase de placer.

Por su parte, Noemí se arrodilló y se metió mi polla entera en la boca. Con una mano subía y bajaba hasta la base del pene y con la otra me acariciaba los huevos hasta se animó a dar un paso más. Se la saco de la boca un momento para humedecer su dedo corazón con saliva y comenzó a acariciar mi ano y a introducir el dedo poco a poco. Volvió a llevarse mi miembro a la boca y a meter y sacar el dedo alternativamente, lo que me llevó a un puntó de placer que no había experimentado nunca.

Decidí regalarle lo mismo a María y saqué los dedos de su coño para meter delicadamente uno de ellos en su culo, a lo que mi amiga respondió gritando:

-¡Joder,si, más fuerte! ¡Me voy a correr!- Arqueó por completo la espalda -¡Me corro!

Empecé a notar las palpitaciones de su vagina y de su culo sobre mis dedos mientras no dejaba de chupar su clítoris y sus manos empujaban mi cabeza contra su sexo. Todo esto fue demasiado para mi, y Noemí, notándolo, aceleró el ritmo hasta que no pude resistirlo y me corrí enérgicamente en su boca.

-María ven, que te he dejado un poco- Ella se alzó con las piernas aun temblorosas y se puso de rodillas para, sin dejar de mirarme a los ojos, lamer los resto de corrida que quedaban en mi polla.

Y así concluyó la mejor experiencia que he tenido en mi vida. Por supuesto, no dejamos que esto fuera cosa de una sola noche y lo repetimos cada vez que tuvimos oportunidad. Incluso a día de hoy, unos cuantos años después nos solemos reunir al menos una vez al año para rememorar nuestro tiempo de universidad, con chupitos de por medio, por supuesto.


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