Y sí, yo era una niña consentida y al mudarme termino convirtiéndome en la putita de mis primos. Así empecé mi vida sexual


Todo comenzó cuando yo tenía 15 años, vivía en una burbuja de abundancia con mis papás, quienes además de ganar mucho dinero siendo médicos, tenían muy poco tiempo libre así que compensaban su abandono dándome absolutamente todo lo que pedía. Vivíamos en la Ciudad de México, pero ambos habían nacido y crecido en un pueblito de Aguascalientes, por lo que la mayoría de mi familia era de gente provinciana y sin chiste, todos me parecían lentos y aburridos y ellos me trataban como si fuera una retrasada mental sólo porque no sabía ordeñar una vaca.

El inicio de mi aprendizaje sexual, se dio cuando yo tenía 15 años, mis papás decidieron divorciarse y mientras se repartían hasta el último tenedor de la casa, me mandaron a Aguascalientes a pasar el verano con mis abuelos maternos; yo estaba furiosa, como era de esperarse, no me molestaba que se divociaran o tener que vivir con uno y el otro hasta que tuviera edad para mandarlos al diablo, sino el hecho de que, en lugar de mandarme a un buen campamento de verano, como solían hacer, decidieran condenarme a pasar mi verano en el asqueroso pueblo del que ellos habían huido a muy corta edad.

Al llegar con los abuelos, fueron muy amables, su casa era muy linda y casi pasaba por una casa de ciudad, gracias, claro está, a que mi mamá les había dado mucho dinero a lo largo de los años para que la remodelaran; mi habitación estaba al final del pasillo, muy lejos de la de mis abuelos y del ruido de la cocina, la sala y de los corrales del ganado. Traté de poner buena cara y de ver el lado positivo a las cosas, al menos mis abuelos se pasaban el día ocupados con sus reses y borregos como para molestarme, la casa tenía televisión por cable y una mesa de billar que mi papá le había regalado al abuelo unos años antes, y el río estaba muy cerca por lo que podría nadar cuando quisiera.

El primer par de días me lo pasé viendo televisión y comiendo lo que me daban las criadas, realmente estaba vegetando de lo lindo, hasta que mi abuelo, por bromear conmigo, me dijo que si seguía comiendo y viendo tele me pondría como una de sus vacas; para los abuelos esos era una broma, pero yo decidí que no podía regresar a la escuela al final del verano con padres divorciados y además estando obesa, así que me propuse hacer una buena rutina de ejercicios todos los días para mantenerme en forma.

A pesar de mi corta edad, mi cuerpo ya estaba muy bien formado, el tener mi periodo desde los 13 años hizo que mi cuerpo se desarrollara prematuramente, mis tetas ya medían 95 centímetros, mi cintura 68 y mi cadera 100 CM, siempre he sido muy nalgona, es de las cosas favoritas de mis parejas; estaba en la edad en que tener tetas es competencia con las amiguitas de la escuela, y afortunadamente yo la ganaba por mucho.

Comencé a hacer mi rutina de ejercicio en el jardín de la casa, algunas sentadillas, abdominales, lagartijas y correr un poco, todo eso en soledad porque todos en el rancho me parecían muy sosos como para solicitar compañía; el primer día al terminar de ejercitarme, decidí ir a nadar un rato al río, el agua estaba deliciosa y la corriente muy tranquila, estaba nadando de lo más serena, hasta que sentí que alguien me tocaba un pie.

– Hola, primita, no sabía que andabas por aquí, ¿por qué tan sola? – dijo mi primo Miguel, quien entonces tendría unos 16 años.

– Nado mejor a solas. – respondí cortante mientras me salía del agua y caminaba hacia mi toalla.

– ¡Ay, primita, sí que has crecido! ¡Mira nada más ese caminar! – dijo Miguel obviamente impresionado por mi figura, yo sólo me sonrojé, ya que nadie me había hecho un piropo así, y me fui caminando de regreso a la casa de mis abuelos.

Llegué a la casa y no pude evitar mirarme al espejo para comprobar si de verdad era deseable, en la escuela siempre llevaba un genérico uniforme que no permitía que luciera nada, y la ropa que mi mamá me compraba seguía siendo de niña, sin embargo, ataviada en ese traje de baño azul, mis formas eran muy obvias, tenía una bella cadera y mis tetas eran grandes y firmes, además, por efecto del frío, mis pezones lucían tiesos y paraditos, sólo de mirarme al espejo y pensar en el comentario de mi primo, me sentí un poco excitada.

Yo ya sabía algo de la masturbación, pero no era muy afecta a hacerlo, supongo que mi falta de experiencia hacía que no lo hiciera muy bien; en cuanto a novios, nunca había tenido uno, los niños de mi escuela estaban más interesados en las chicas “fáciles” que en las ñoñas con ropa de niña como yo. Pero ese día, por primera vez, me había sentido bonita y deseada, así que mientras me miraba en el espejo, comencé a tocarme las tetas y a apretar mis pezones, me estaba calentando delicioso, sentía que mi pepita se empezaba a humedecer, metí mi mano por debajo del traje de baño y comencé a frotar mi clitoris, sentía cómo empezaban a escurrir fluidos desde mi vagina, me recosté en la cama y seguí frotando mi clitoris y mis tetas hasta que alcancé un delicioso orgasmo, la idea de que mi cuerpo le gustara a alguien, me había calentado como nunca lo había hecho nada.

Me di un baño y dormí una siesta, pensé que lo mejor sería cenar en mi habitación esa noche, pero alrededor de las 7 una de las criadas tocó a mi habitación.

– Dile a mis abuelos que estoy cansada y súbeme la cena, no quiero salir – instruí a la criada.
– Dice tu abuelita que no puedes faltar a cenar porque vinieron tus tíos.
– ¿Cuáles tíos? – pregunté curiosa.
– Don Luis y doña Martha, y trajeron a sus hijos, a lo mejor te gusta estar con niños de tu edad, ¡ándale, ven a cenar!

La idea de estar en la misma mesa que mi primo Miguel me agradó mucho, en especial si conseguía que volviera a lanzarme un piropo como el de la tarde; me puse la ropa más ajustada que llevaba en mi maleta, un short de mezclilla cortito y una camiseta roja que marcaba mucho mis tetas, para hacerlo más obvio, decidí ir sin brasier para que mis pezones lucieran y mi primo tuviera la oportunidad de verlos.

Bajé las escaleras haciendo como que iba despertando, en la sala estaban sentados mis abuelos con mis tíos y mis dos primos, mi sorpresa fue que además de ver a mi primo Miguel, que me había calentado con su comentario, estaba mi primo Santiago, a quien ya ni recordaba; Santiago tenía 19 años en aquel entonces, ya no vivía con mis tíos porque se había ido a estudiar medicina a Monterrey, era alto, fornido y moreno, además de tener una barba de candado que lo hacía lucir mucho mayor, en mi mente me imaginé a un actor de Hollywood, o por lo menos de telenovela, el tipo era bastante guapo, por lo que mi atención se centró en él en vez de en mi primo Miguel.

La cena pasó muy normal en cuanto a mis abuelos respecta, pero yo no dejaba de sentir las miradas de mi primo Miguel y de mi tío, los dos parecían comerme con los ojos, en un momento incluso sentí que alguien me rozaba la pierna con el pie, pero no distinguí quién; todo estaba muy tenso pero nadie mencionaba nada hasta que sirvieron el postre y yo rechacé una rebanada del pastel.

– ¡Ay, nena, cómete una reanada, con ese cuerpecito que tienes puedes comer lo que quieras! – Dijo riendo mi tía.
– No es por eso, tía, es sólo que no se me antoja. – respondí sonrojada.
– No le hagas caso a tu tía, está bien que no comas pastel y cuides ese cuerpo tan lindo que tienes, Miguel me contó que te vio nadando y que eres una escultura. – dijo mi tío un poco impertinente.
– Ya dejen a la niña y que coma lo que quiera. – los regañó mi abuela terminando con el tema.
– Deberías venirte a la casa unos días, Florecita, no es tan grande como esta, pero tenemos una alberquita, en vista de que te gusta nadar- dijo mi tía – además no está tan lejos, hasta podrías ir y venir diario si no quieres quedarte a dormir allá.
– Muchas gracias, tía, a ver si mis abuelos me dan permiso – dije poniendo cara de niña buena hacia a mi abuelita; la verdad es que tenía ganas de pasar tiempo en casa de mis tíos para ver si podía conseguir la misma reacción en mi primo Santiago que en mi primo Miguel y mi tío Luis.

Mientras mis tíos y primos se despedían, mi primo Santiago se acercó para darme un beso de primos que en realidad fue demasiado cerca de la boca para un beso fraterno. – A ver si te veo mañana por la casa, chula – me dijo mientras me apretaba la cintura; aparentemente mi primo no era tan indiferente a la mocosa citadina.

Al otro día me dispuse a ir a la casa de los tíos, me llevé una maleta y le dije a mis abuelos que si me divertía me quedaría un día o dos, ellos estuvieron de acuerdo porque la casa de mis tíos estaba a 10 minutos en auto, ante cualquier problema podrían recogerme en seguida. Al llegar a la casa noté que era una típica casita de pueblo, muy sencilla y modesta, pero influenciada por el buen gusto de mi abuela, se notaba que muchas de las cosas que mi mamá le enviaba a la abuela, terminaban en la casa de mi tía; mi tía me dio una habitación, diciéndome que mis primos harían el esfuerzo de dormir juntos para que yo tuviera donde quedarme, me pareció un lindo detalle por parte de ellos. A la hora de almorzar mis primos regresaron de montar a caballo y me prometieron que al terminar, iríamos a nadar un rato a la alberca.

– Cuiden mucho a Florecita – les dijo mi tía – su papá y yo vamos a salir, pero regresamos antes de la cena, pórtense bien.
– Sí, má, nosotros la cuidamos – dijo Miguel lamiendo su labio superior, sentí una humedad inmediata ante esa expresión.

Me puse mi traje de baño y salí a la alberca, no era muy grande, pero más privada y cómoda que el río, cuando mis primos me vieron comenzaron a lanzarme silbidos y a decirme lo bella que lucía en mi traje de baño blanco; yo para seguirles el juego, comencé a caminar muy sexy y a dar vueltas como si fuera una modelo de pasarela, les hacía caras sensuales más en broma que en serio, pero los alentaba a que siguieran haciendo bulla; en un gesto de niñería, me lancé a la alberca de bomba, mojando sus caras y la totalidad de mi cuerpecito.

Comenzamos a jugar a lanzarnos una pelota, hasta que Santiago dijo que eso era aburrido, que jugáramos atrapadas en la alberca, yo ni tarda ni perezosa dije que sí, tenía muchas ganas de que mis primos me tocaran, aunque fuera sólo para atraparme, pero obviamente mi primo tenía otra cosa en mente; en cuanto comenzamos a jugar, Santiago dijo que él iría primero, por lo que Miguel nadó hasta el otro lado de la alberca, a mí ni tiempo me dio, Santiago me atrapó de inmediato y me rodeó con sus fuertes brazos.

– ¡Ya te atrapé! Y ahora la multa para dejarte ir va a ser que me des un beso – dijo Santiago, yo me di la vuelta y le di un beso de niñita en la mejilla. – ¡No, bonita, así no! Me tienes que dar un beso en los labios.
– Pero yo nunca he besado a nadie, ¿qué tal si lo hago mal? – dije fingiendo timidez, para ese momento, Miguel ya estaba junto a nosotros.
– Yo te enseño cómo, primita – dijo Miguel, mientras tomaba mi cara y me plantaba un delicioso beso en los labios, metía su lengua y recorría toda mi boca; para ser mi primer beso, fue bastante agradable.
– ¿Ya aprendiste? – preguntó Santiago.
– Creo que ya – respondí, y me acerqué a Santiago dándole un ejemplo de lo que su hermano me había mostrado. El beso de Santiago era más rudo, más sensual, en un segundo hizo que sintiera empapada la conchita.

Santiago comenzó a tocar mi cintura mientras me besaba apasionadamente. – Qué rica boquita tienes, nena, se siente que es nuevecita – bajó su mano a mis nalgas y comenzó a apretarlas de un modo exquisito; de repente sentí unas manos en mis tetas, mi primo Miguel me tocaba desde atrás apretando con sus dos manos, claro que mis tetas no le cabían, pues eran abundantes.

– A ver, chiquita, vamos a ver qué sabes hacer con esa boquita que te cargas – dijo Santiago saliendo de la alberca y sentándose en la orilla, se bajó el traje de baño y se sacó una verga enorme y dura, era la primera que veía en vivo. – A ver, hermosa, chúpala como si fuera una paleta de hielo – yo muy dispuesta me la metí en la boca, no me cabía toda, pero la chupaba con entusiasmo; mientras tanto, mi primo Miguel, quien seguía dentro del agua, aprovechaba para comerme las tetas a su antojo, yo me sentía en el cielo, con una verga en la boca y una boca mamando mis tetas, ni en mis más locos sueños me imaginé que mi primera vez sería un trío nada menos que con mis primos.

– Ahora te toca salirte a ti, nena – dijo Santiago.
– ¿No le vas a terminar en la boca? – le increpó Miguel.
– No, quiero que esta lechita le desrvigué el coño a esta putita – respondió mientras tomaba mi pequeño cuerpo y lo colocaba en la orilla de la alberca. – Abre las piernitas, mi amor, te voy a enseñar lo que es un orgasmo de verdad.

Muy obediente abrí las piernas e hice mi traje de baño a un lado con mi mano; Santiago comenzó a tocar mi clitoris con mucha dedicación, yo sentía que flotaba, de repente puso su boca en mi puchita mojada, succionaba mi clitoris como si fuera una paletita, me estaba haciendo vibrar como nunca; metió un dedo en mi vagina sólo para comprobar lo húmeda que estaba y comenzó a frotar lo que entonces ignoraba era mi punto G, sentía como que me orinaba, estaba desconectada del resto de mi cuerpo, lo único que podía sentir era mi cuerpo teniendo un orgasmo casi interminable.

– La putita me llenó la boca de sus jugos, está en su punto para quitarle lo niña, una buena cogida es lo que le hace falta – dijo Santiago, mientras él y su hermano salían de la alberca.

Apenas podía moverme, estaba agotada por el orgasmo que acababa de tener, así que entre los dos me llevaron a la habitación que me había asignado mi tía; me pusieron en la cama y me quitaron el traje de baño, dejándome completamente desnuda. Primero Santiago comenzó a comerse mis tetas, mientras mordía uno de mis pezones, apretaba mi otra teta, lo que hasta la fecha me fascina; Miguel me abrió las piernas y comenzó a comerse mi vagina, era casi tan bueno como su hermano pero se notaba que le faltaba experiencia, de igual modo hizo que me viniera en su boca de manera deliciosa.

– Ahora sí, carnal, hay que echar un volado a ver quién la va a desquintar – dijo Miguel con tono ansioso.
– Qué volado ni qué volado, a esta perrita primero le entra mi verga – dijo Santiago sin intención de aceptar cambios.
– Va, pero cuando le rompamos el culo, primero voy a ir yo –
– Ya veremos, mientras, abre bien las piernitas, putita, ahorita vas a ver lo que es bueno – dijo Santiago acostándose sobre mí y apuntando su verga a mi puchita.

Sentí que el aire se me iba, a pesar de estar muy mojada, era la primera verga que entraba en mi cuerpo y me lastimaba un poco; Santiago entró poco a poco, llenando mi vagina con mucha gentileza; fue hasta que notó que mi dolor había diminuido, que comenzó a bombearme de manera deliciosa, sentía cada milímetro de su verga recorrer mi apretada cuquita, sus movimientos hicieron que tuviera otro orgasmo mientras me la metía.

– ¡AY, PRIMITA, QUÉ RICA PUCHA TIENES! ¡APRIETAS DELICIOSO! – dijo a gritos mi primo.
– ¡MÉTEMELA, NO ME LA SAQUES NUNCA POR FAVOR! – gritaba yo totalmente poseída por el deseo.
– ¡VOY A VENIRME, PUTITA, VOY A ECHARTE TODOS MIS MECOS EN ESA PUCHA DE PUTA QUE TIENES! – gritó mientras me llenaba de semen.

Quedé hecha una madeja, no tenía más sensación que ese delicioso orgasmo y la leche escurriendo desde mi conchita hasta mi culito; aunque aparentemente a mi primo Miguel no le importaba remover la venida de su hermano, porque de inmediato me dio la vuelta y me puso en cuatro como la perrita que soy.

– A ver, primita, ya sentiste a Santi, ahora yo te voy a enseñar cómo se coge a las perritas como tú aquí – y sin mayor consideración me ensartó de una sola estocada.

Quizá era la posición y el hecho de que estaba hipersensible, pero la verda de Miguel se sintió mucho más rica que la de Santi; lo sentía bombear mi cuquita como un desesperado, menearse de un lado a otro y apretarme las nalgas con sus ásperas manos; a pesar de ser más joven y de no comer tan rico el coño, se notaba que Miguel era mucho más dedicado cuando de verga se trataba; me estaba dando una cogida espectacular, sentí cómo me venía y me escurría hasta los tobillos, no podía más, no dejaba de gritar, de aullar, de venirme, tuve un orgasmo que duró casi cinco minutos ininterrumpidos.

– ¡AY, PERRITA, QUÉ RICO TE VIENES! ¡VAS A HACERME TERMINAR! – gritó Miguel.
– ¡SÍ, PAPITO, LLÉNAME, VACÍAME TU LECHE! –
– ¡SÍ, MAMITA, SÍIIIIIII!

Miguel se salió de mi concha y me dejó en la cama, los tres estábamos extasiados y agotados, nos acostamos en la cama y tomamos un pequeño respiro.

– ¿Te gustó tu primera cogida, putita? Eres la primera a la que nos cogemos al mismo tiempo, siempre nos las turnamos, pero tú eres especial. – me dijo Santiago.
– Claro que me gustó, no creí que el sexo fuera tan rico – respondí.
– Y todavía no pruebas nada, quédate unos días y te vamos a enseñar muchas cosas, prima. – dijo Miguel mientras comenzaba a tocar mis tetas de nuevo.

Miguel rozaba mi teta derecha con su mano, mientras Santi me mamaba la izquierda; me sentía como una muñeca de trapo, una muñeca lujuriosa y empapada; Santiago bajó su mano hacia mi clitoris sin dejar de mamar mi teta, era delicioso sentir que alguien me masturbara, sólo sentir cómo mi clitoris se inflamaba y empezaba a sentir ese calor exquisito; Miguel bajó su otra mano y me metió dos dedos en la conchita, que obviamente resumaba de semen, una vez que los tuvo bien empapados, comenzó a meter uno de ellos en mi culito; primero frotó poco a poco la entrada de mi ano, y luego comenzó a meter un dedito con suavidad, yo sentía extraño, pero delicioso, nunca había pensado en lo excitante que sería que me metieran un dedo, o cualquier otra cosa, por el culo.

Tenía mis dos agujeros ocupados por los dedos de mis primos, Santiago me metía dos dedos rozando mi punto G, y Miguel me metía uno por el culito, mientras ambos me mamaban las tetas; yo no hacía nada, era un simple trapo, sentía que cada poro de mi cuerpo tenía un orgasmo; ni siquiera pude llevar la cuenta de cuántas veces me mojé, aunque por el estado de las sábanas al terminar, no fueron pocas.

Una vez que ambos se cansaron de darme placer, los dos se pusieron sus trajes de baño y se fueron a su habitación, yo me quedé demadejada y agotada sintiendo leche escurrir por mi dolorida vagina, era maravilloso sentirme así, me sentía como una adulta, agradecí a mis padres por no enviarme a ese campamento, por dejarme ir con los abuelos a aprender a ser mujer. Tomé un baño y me puse ropa cómoda, en realidad no aguantaría ropa ajustada con lo sensibles que estaban mi conchita y mis tetas; llamé a mis abuelos y les dije que me quedaría con mis tíos porque me estaba divirtiendo mucho con los primos, que me estaban enseñando muchas cosas, así que en realidad no mentí.

Al llegar mis tíos, todos cenamos juntos y mi tía notó que estaba muy cansada.

– ¿Qué le hicieron a esta criatura? Se ve que está molida. – les preguntó a mis primos.
– Le estamos enseñando a montar, la chilanguita necesita aprender cosas de campo. -dijo Santi, tampoco mintiendo del todo.
– ¡Ah, pues ya déjenla descansar un poco! Si la regresamos anémica sus papás nos la van a cobrar como nueva – dijo en broma mi tía.

Nos fuimos cada quien a su habitación y yo por fin pude recostarme a descansar, pero cuando ya estaba profundamente dormida, sentí unas manos en mis tetas, pensé que era uno de mis primos pidiendo segundo round, pero me equivoqué, se trataba de mi tío Luis apretándome las tetas con fuerza.

– Ni te hagas pendeja putita, no creas que no me di cuenta de que esos dos cabrones ya te metieron las vergas por todos lados, ni que no los conociera – dijo en voz baja, pero muy firme – Hoy te voy a dejar descansar, pero nada más que se te reponga la pucha, te la voy a llenar yo.

Me apretó las tetas fuertemente y me dio un beso con el que metió su lengua hasta mi garganta, lo que pasó después será material de otro relato…


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