Una cena con mi mujer que termina de una manera muy caliente, poco a poco la fui excitando hasta que no pudo aguantar más las ganas de follar


-Siempre te ha gustado exhibirme… eres un guarro- Me dijo mi esposa antes de llevar la copa de vino a sus labios – ¿porqué? -preguntó. Era absolutamente cierto, ella lo sabía, como sabía la mayor parte de mis fantasías y no tenía razón para negarlo por lo que simplemente le sonreí .
– Ya sabes B -Contesté refiriéndome a ella con su inicial – Me pone mucho rebasar aunque sea un poco los límites de la conducta. Verte sexy, deseada y ver cuanto ello te calienta.- Negó con la cabeza

– Lo hago únicamente por ti, porque sé que te pone mucho. -Ella casi nunca decía la verdad cuando hablaba de sexo. O al menos yo no la creía. No podía creerla cuando la había visto tantas veces con el coño empapado por uno de mis juegos perversos.

– Mentirosa. Si ahora te pidiera que te quitaras aquí las bragas, disimuladamente, si el chico de la mesa de al lado se percatara de ello, te daría vergüenza pero te calentarías como una zorrita -Me refería al chaval que en una mesa cercana disfrutaba de una velada romántica con una guapa morena.

– Siempre me propones lo mismo cuando me pongo esta minifalda, es demasiado corta.

Volví a sonreír mientra cortaba un trozo de solomillo y lo llevaba a mi boca. Podría haber replicado que era cierto pero que ella continuaba poniéndosela cada vez que teníamos una velada como aquella, solos, en un buen restaurante y que acabaría en algún momento en un polvo delicioso. Desventajas del matrimonio; nos llegamos a conocer demasiado y sabemos el final de nuestras películas. Pero no dije nada sin embargo. Me gustaba que se la pusiera. En lugar de contradecirla, llené su copa

– Cierto. Si por mi fuera no llevarías ahora ni bragas ni sujetador, pero nunca me haces caso. -Negó con la cabeza-

-Ni de coña, con este top se me verían los pezones como si no llevara nada. Además, no te pases. Ya me he puesto estas medias hasta medio muslo que tanto te gustan. Tengo que ir tirándome la falda hacia abajo para que no se noten. -Era otro de mis fetiches. Mi mujer con ese tipo de medias y unos tacones que realzaban su espléndido trasero era suficiente afrodisiaco para mi. Pero yo siempre quería mas y ahora quería que se quitara las bragas, la viera o no el panoli de la otra mesa.

– Bueno, me conformaré con las bragas, si te las quitas sin levantarme de la mesa.

– ¡Que no! ¡salido!

Seguimos la cena riéndonos de la pareja joven de al lado. Recordábamos no hace tanto en nuestras primeras citas. Nos recordaban a nosotros mismos, tratando de ser encantadores, con nuestras inseguridades y preguntándonos si de aquella cena surgiría algo mas o no.

– Seguro que él está pensando en follársela esta noche en el asiento trasero, los hombres no pensáis mas que en eso.

– Claro… vosotras no. Seguro que ella no lleva el tanguita mas sexy que tenía en el cajón.

– ¿Quien sabe? A lo mejor no lleva… De hecho me está empezando a gustar la idea. -Mi santa esposa bajó sus manos por debajo de la mesa y a hacer ligeros movimientos de cadera- En fin, yo ahora tampoco. -Añadió mientras tiraba la servilleta al suelo para agacharse a recogerla y así desprenderse de unas pequeñas bragas negras enredadas en sus tobillos y dejármelas disimuladamente sobre la mesa.- ¿contento?

– Excitado… como una moto.-Recogí las bragas y las guarde en mi bolsillo sin dejar de mirarla a los ojos verdes y pícaros- Mejor me guardo esto o cuando venga el camarero nos va a proponer un trío.

– Si sigues así algún día me vas a proponer que me folle a otro.

– Pues tal vez…

– ¡No jodas! ¿te gustaría? ¿Querrías que alguna vez de las que salgo con mis amigas me tirara a otro?

– No, no… nada de eso. No tengo ninguna afición por eso de la humillación, para nada, es solo que… -Medí muy bien mis palabras- Me encantaría que alguna noche, juntos, nos soltáramos el pelo, hiciéramos alguna locura. Otro hombre, otra mujer, una pareja… lo que fuera con tal de verte como una loca, gimiendo y disfrutando del sexo sin parar.

– Tú sigue soñando.

– Lo haré. No lo dudes que lo haré. Nunca dejaré de soñar.

– Venga. Terminemos la cena que quiero que me saques de copas esta noche. Tengo ganas de un buen gin tonic.

Entre risas, insinuaciones y promesas de ponerla a cuatro patas en cuanto llegásemos a casa, acabamos la cena, tomamos un cortado y decidimos ir al Pub Irlandés donde solíamos ir antes de que naciera nuestro hijo, solo dos años atrás, tiempo que nos parecía una eternidad. El pub empezaba a llenarse de grupos de amigos que habían terminado de cenar como cualquier śabado en España. En el casco viejo de Denia hay muchos restaurantes y aquel pub es el mas propicio para acercarse andando sin necesidad de volver a subir al coche.

– Mira, ahí hay un sofá libre -Como la mayoría de los pubs irlandeses el local se dividía en pequeños espacios aptos para grupos. Ocupamos un sofá. Frente a nosotros una pareja se comía a besos. Pasamos de ellos y pedimos que nos trajeran dos gin-tonics “buenos”. Salir sin el enano nos hacía sentirnos novios otra vez. Y mi mujer estaba en minifalda, sin bragas y con medias hasta medio muslo, con lo cual mis manos no dejaban de acariciar sus piernas, primero el nylon, después la piel y alguna vez hasta su sexo. Nos mirábamos, charlábamos de aventuras pasadas y nos reíamos mucho. Ella fue al baño. Por primera vez me sentí algo incómodo al quedarme solo delante de la pareja que se morreaba sin pudor frente a mi. Afortunadamente no estuve mucho tiempo solo. B llegaba sonriendo desde el baño. Esa mujer de casi metro ochenda, rubia y con ojos verdes con la que me había casado algunos años atrás se abalanzó sobre mi.

– Toma loco, como tú querías -discretamente puso en mi mano su sujetador. La miré, en efecto, el top era poco apropiado para llevar sin sujetador. Los pezones de su elegante y no abundante pecho resaltaban sobre la tela. Me encantaba estar con mi mujer vulnerable, casi desnuda en un lugar público que empezaba a abarrotarse. En ese momento entró un grupo de hombres. Entraron con todo el vocerío y la energía de una despedida de soltero. No en vano lo eran. Ocuparon la parte de la barra mas cercana a nuestro sofá. B ni se dio cuenta ocupada en apartar mi mano que se metía por su entrepierna con evidente interés de acariciar su sexo desnudo.

– Acércate a la barra y pide otros dos gintonics, anda, que esto está lleno y la camarera tardará siglos en venir.

– ¡Vale! -Ella ni había visto venir mis intenciones, hasta que de un saltito se reincorporó del sofá, alviada, quizás, por poner fin a mis continuos intentos de pasarle el dedo por el coño. No tardó en darse cuenta de que entre ella y la barra se interponía el grupo de la despedida, dudó pero siguió su camino hacia la barra. La estuve observando desde allí. Primero dudó, pero al final decidida se metió entre el grupo hasta llegar a la barra. Se arremoliaron en manada al ver a ese mujerón tan cerca hasta que llegué incluso a perderla de vista. Solo veía los claros gestos de los que habían quedado detrás haciendo gestos de aprobación ante la fémina de la barra. Cuando empezaba a creer que lo mejor sería ir a rescatarla el grupo me dejó un hueco y en él vi que hablaba con el que, por sus ropas ridículas, debía ser el novio homenajeado. B sonreía y me quedé sentado en el sofá mirando. No tardó mas de cinco minutos, llegó con una gran sonrisa y dos gin tonics en la mano.

– ¿Creías que no me atrevería? Toma tu gintonic canalla. Y que sepas que me han invitado a un chupito.

– ¿Has ligado?

– Calla imbécil -Me insultó en tono cariñoso- Es cliente del despacho, va todo ciego y se ha pasado el rato mirándome las tetas. Estaba agobiada -Se sentó muy junto a mi- con este embobado mirando hacia abajo y alguno de sus amigos tratando de cogerme de la cintura.

– No les culpes… ¡pasarías por la stripper! -Y añadí- De hecho que seguro que la stripper que contraten hoy no va a estar ni la mitad de buena que tú.

– Ese no llega hoy a ver ninguna stripper… va borrachísimo. -Observé que el chico desde la barra había seguido con la vista a B hasta el sofá y no le quitaba ojo.

– ¿Te gustaría hacer una vez de stripper? -Le susurré al oído- Desnudarte en medio de un grupo de hombres, bailando, quitándote la ropa muy poco a poco hasta dejarles a todos con un calentón.. – Mientras le decía esto, poco a poco levantaba la falda los suficiente para que el panoli proximamente casado viera el inicio de las medias de mi mujer en sus muslos. Seguí -Quedarte desnuda entre ellos, acercarte al novio, dejar que te meta mano delante de todos, rozar tu cuerpo desnudo con el bulto de su pantalón…”

– Me moriría de vergüenza, no podría hacerlo -Sus mejillas empezaban a mostrar cierto tono colorado, no sé si por el calor, el alcohol o la calentura que yo le provocaba. -Venga vámonos a casa, quiero saber de lo que eres capaz.

Salimos del local con prisa, sin dejar de tocarnos, mientras la gente de la despedía me miraba como se mira a un campeón que va tocar el cielo con sus manos. Y lo hice, solo que el cielo que toqué había tomado la forma del coño de mi esposa que unos instantes después en la semipenumbra calculada de nuestra habitación se abría para mi. Sin quitarse las medias, ni los zapatos de tacón, aunque sí todo lo demás, me empujaba sobre la cama, se sentaba sobre mí y se la clavaba con la desesperación de quien llevaba tiempo deseando hacerlo. No, no hicimos el amor. Nos follamos fuerte, rápido, con prisas. Mis manos sobre su culo hacían que cada embestida fuera potente, como sé que a ella le gusta, mientras ella se movía como una actriz porno, o tal vez como una stripper, hasta hacer mas fuerte su respiración y caer rendida sobre mi pecho mientras nuestros fluidos mojaban las sábanas.


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