Un animal dócil, demasiado sencillo al que se le coge cariño, termina satisfaciéndome


El burrito

“Yo soy así, y no voy a cambiar ya a mis años..”. Eso lo dice mi amiga Laura, y cierto que tiene razón. Es una mujer peculiar, que ha hecho lo que ha querido en toda su vida, se ha puesto el mundo por montera, no tiene ningún tipo de inhibiciones ni tabús, ni le importa lo que digan los demás.

Se casó muy joven, con 21 años. Me dio por ahí –dice ella-, como me podía haber dado por irme a Rusia. Y solo a los dos años de matrimonio decidió separarse, pues se convenció que no era mujer para depender de una sola polla, tal como cuenta. Y así, divorciada, ha seguido todos sus años, hasta ahora que ha cumplido 40. Es una mujer alta, fornida, aunque no gorda, pero es de complexión fuerte, con hermosas caderas y pechos muy femeninos. Es guapa y tiene éxito con los hombres, no solamente por ese físico atrayente, también por ese carácter tan natural, tan extrovertido.

Aparte de ser amigas, somos compañeras de trabajo desde hace años. En nuestra organización empresarial somos unas 50 personas, la mayoría hombres, y ella no ha tenido ningún recato en llevarse a la cama a todos los que le han gustado. Por supuesto que en la empresa se sabe, esos rumores corren rápido sobre todo entre los tíos, pero como siempre a ella le importa un bledo.

Yo me llamo Teresa, tengo un par de años más que Laura y soy soltera. No tengo el carácter de Laura, he tenido una educación más tradicional, aunque no soy precisamente una mojigata que se asuste, he tenido mis amantes y soy muy curiosa para los temas del sexo.

Desde hace algunos años vive Laura en las afueras de la ciudad, en una finca que heredó de sus padres. Cuenta con una buena casita, que ella reformó. La parcela tiene una superficie de unas 5 hectáreas, lo que le permite tener bastantes animales, que son su gran pasión. Muchas aves de corral de todo tipo, una docena de ovejas y otras tantas cabras, que deambulan libres por todo el campo, así como algunos caballos, no faltan por supuesto un par de perros. Y un burrito, que le ha puesto de nombre Pollito. Es un asno joven, de unos cinco años y entero (es decir, no está castrado). Pollito es su debilidad, aunque los asnos tienen fama de torpes, este animal es muy inteligente y cariñoso y ella lo mima de forma especial.

Ya vengo comentando que Laura es muy desinhibida, natural, espontánea. Aparte de dar rienda suelta a sus deseos sexuales con los hombres que le gustan, yo ya intuía desde hacía tiempo que también había mantenido algún momento íntimo con uno de sus perros. Ella, tan amante de los animales y tan liberal, era de esperar que se hubiera atrevido a dar ese paso. No lo comentaba mucho, en eso sí era recatada, pero conmigo a veces se sinceraba algo y sin reconocerlo abiertamente, lo dejaba entender.

Pero aquella noche, con algunas copas de más, no tuvo problemas en contar mucho más de lo que yo esperaba. Habíamos tenido una cena de empresa y después las típicas copas en alguna discoteca. Estábamos las dos en un aparte, acomodadas en los taburetes de la barra. Ya la mayoría de compañeros se habían ausentado, pero nosotras aguantábamos, ya bien cargadas y dispuestas a darle a la lengua.

– Laura, hace algún tiempo que te veo tranquila respecto a los hombres. Parece que te estás haciendo mayor y pasas un poco del sexo.. ¿Dime?.

– Jajajaajajajaj…. Yo nunca paso del sexo, me moriré de viejita siendo una ninfómana. Pero bueno, el hecho de que respecto a los hombres esté algo más pasiva, no quiere decir que no folle…

Yo entendí que Laura, si no tenía ahora hombres a la vista, se arreglaba con sus perros. Pero me hizo una confesión que me dejó de piedra.

– Desde hace unos meses me follo a Pollito…

Me quedé en silencio, sin saber de momento que decir, y mirándola con atención, tratando de saber si me hablaba en broma en serio. Ella captó mis dudas.

– Sí, sí… creételo… Ya sabes que soy capaz de casi todo.

– Joder, Laura, me cuesta trabajo creerlo, que te folles a tu burrito.

– Yo tampoco me lo había propuesto, pero surgió un día que yo tenía un calentón tremendo. Fui a la cuadra de Pollito, el animal estaba empalmadísimo, con toda su tranca fuera… Y decidí aliviarlo. Ese día solo lo masturbé. Me agarré a su pollón, le di un masaje delicado y sin prisas y el animalito acabó soltando una lechada que me dejó helada de la impresión. Me resultó precioso y ya decidí que tenía que dar el paso. A partir de ahí fui preparando todo.

– Pero no me vayas a decir que un asno, con la enorme polla que tienen, te la mete toda..

– ¡ Nooooooo…¡ Claro que no. Sería imposible. Me meto la cabeza y una pizquita más, unos 25 centímetros en total. Pero el placer es irresistible, no te lo puedes ni imaginar…

– ¿Pero se te sube encima, como haría con una burra?. Es que no acabo de entender como lo haces…

– Claro, tengo mis artilugios, que he ido preparando. Pero mira, mejor que lo veas tú misma. Para mí es tan bonito el acto que no tengo inconvenientes en que tú lo veas y disfrutes del espectáculo.

– De acuerdo, quedamos para la tarde de este sábado, si quieres.

– Vale.

Aunque como he dicho no soy tan atrevida como mi amiga, tampoco me escandalizo fácilmente. Y la verdad, que solo la idea de lo que me contaba Laura me tuvo varios días con la mente ocupada con ese tema, incluso pensando en ello llegué a excitarme más de una vez. Tenía además mucha curiosidad por la forma en que ella podía tener sexo con su asno, que posturas adoptaría, como podría entrarle ese tamaño.

Por fin llegó ese sábado y yo me desplacé hasta la finca de Laura. Me puso algo de merienda, tomamos unas cervezas, charlamos algo del tema que teníamos previsto.

– Espero, Teresa, que no te asustes ni te alarmes. Tú serás espectadora, pero no quisiera que te formaras una idea de mí, en el sentido de que soy una perdida, una especie de guarra loca por hacer lo que vas a ver. Para mí es natural, aunque reconozco que es un hecho muy insólito.

– Tranquila, Laura. Eres mi amiga desde hace mucho. No pienses que te voy a regañar, al contrario, si disfrutas de esa forma, haces muy bien.

Nos fuimos en busca de Pollito, que andaba alrededor de la casa, mordisqueando unos arbustos. El animal desde luego era precioso, tamaño medio, de pelaje claro y suavísimo. Le pregunté a Laura si lo bañaba.

– Sí, con un bidón de esos que se le mete presión y tienen una manguera, lo ducho bien una vez a la semana, con agua caliente y jabón, a él le encanta. Ven, Pollito, ven con nosotras…

El animal, obediente nos siguió al interior de una pequeña nave donde dormía. Todo muy limpio y ordenado. El burro se situó por sí mismo en un rincón del habitáculo, como si ya supiese a lo que venía. Laura había traído consigo un cubo con agua jabonosa. Se situó frente al asno y se quitó una bata corta que traía puesta. Tenía un bonito conjunto de lencería negro, muy elegante.

– Caray, Laura.. ¿Te pones ropa interior sexy para tu asno? No me vayas a decir que él se entera de eso.

– Pues claro que se entera, aunque te parezca mentira.. Siempre me he puesto sexy para todos mis amantes, por qué no iba a hacerlo para él. Además, es también importante sentirme bien conmigo misma, verme sensual.

Mi amiga se abrazó al asno, acariciándolo con ternura, la frente, el hocico, la parte de atrás de la cabeza. Le hablaba también arrimando la boca a las orejas del animal.

– Pollito, cariño..¿ a que tienes ganas? ¿ Te quieres follar a tu ama?. Dime que sí… cielo..

Yo estaba sorprendida de todo aquello, pero en realidad gratamente sorprendida, no me producía nada de rechazo aquella escena. Laura se desprendió del sujetador y lo hizo despacio, con gesto lascivo, quedando sus dos enormes pechos libres. Ahora los agarró son sus manos y los pasó por la cara del animal, dándole un masaje con ellos. Cerraba los ojos, concentrada, excitándose y procurando también despertar la líbido del burrito.

Siguió así mucho rato, mientras yo de pie junto a ella, la observaba.

– ¿Y estás segura –le pregunté- que el burro se entera de todo esto que le haces?

– Jajajaja… Claro que estoy segura, segurísima. Y si no te lo crees, míralo por abajo, anda…

Me di la vuelta para mirar debajo del vientre del animal, llevándome una tremenda sorpresa. El burrito tenía toda la tranca fuera, erecta, enorme. La levantaba de vez en cuando, golpeando suavemente su propio vientre. Era un falo de unos 50 a 60 cm., grueso, con un glande algo sobredimensionado para el grosor del fuste. Tenía curiosamente como dos colores, la cabeza y una parte de la polla era de color más claro y el resto era negro.

Siempre me ha gustado el miembro de los equinos, lo considero precioso, quizás porque entre todos los animales son los que lo tienen más parecido al hombre (salvo el tamaño, claro). Me resulta erótico, no tienen la forma extraña de otros mamíferos. Son miembros elegantes, rectos, con su glande también parecido al pene de los humanos, liso, suave.

Una vez que Laura ya advirtió la excitación de su amiguito cogió un taburete y se sentó al lado del animal, como si fuese a ordeñarlo. Pero lo que hizo es arrimar el cubo y con una esponja y la ayuda de sus manos lavó delicadamente el miembro al burro. Lo enjabonó bien, lo aclaró y lo secó con una toallita. El animal no aflojó para nada su tremenda erección, estaba ya preparado para lo que tenía que venir.

– Es importante -me comentaba Laura-, una buena higiene, tan en cuenta que pueden tener bacterias propias de ellos que para nosotros los humanos pueden ser dañinas..

Una vez efectuado el aseo siguió mi amiga con los preparativos. La verdad que lo tenía todo muy bien ideado. Primero colocó sobre el lomo del animal, en su parte trasera, una especie de cincha ancha, una gruesa correa de cuero que colgaba a los lados del asno. En su parte final la cincha estaba vuelta sobre si misma y cosida, formando una especie de ojal de unos 30 cm.. Luego acercó una mesita, como una camilla, muy baja, con ruedas en sus cuatro patas. La camilla, corta de longitud, tenía una colchoneta y almohada incorporada. Laura se echó sobre ella, de tal forma que el trasero le quedaba justo en el borde y las piernas colgando. Seguidamente se despojó de las bragasy sirviéndose de los pies hizo rodar la camilla bajo el vientre del burrito. Obviamente no cogía entera en sentido longitudinal, así que quedó un poco de forma transversal, con parte del tronco y la cabeza asomando por un lado.

Seguidamente levantó las piernas y metió los pies por los ojales de la cincha, que quedaron situados a media pantorrilla. Quedó así bien espatarrada con las rodillas subidas y dobladas. Se acomodó buscando la postura perfecta.

– Teresa, coge esa silla y siéntate por ahí, para que no te canses de pie.

Hice lo que me aconsejaba y me situé a unos tres metros, hacía la parte trasera del animal, para observar mejor.

Laura cogió un frasco de lubricante que tenía también a mano y engrasó abundantemente su sexo y también el miembro de Pollito. Era ya el último requisito para proceder al acto. Agarró el pollón con una mano por detrás del glande y con la otra separaba los labios de su coño. Se llevó el miembro del animal a su vulva y comenzó a restregarlo arriba y abajo, sin prisas, de forma concienzuda, con experiencia. Al tiempo que restregaba apretaba un poco. Estaba perfectamente depilada y así podía yo observar muy bien como se estiraba su piel, sus labios grandes, como crecía el clítoris. Comenzó enseguida a gemir dulcemente.

Los equinos tienen un semblante muy inexpresivo, no transmiten apenas la alegría, el miedo u otras actitudes como sucede por ejemplo con los perros. Mantienen un gesto como hierático, relajado, mirándolos de lado, por la forma de la boca, es como si tuviesen una pequeña sonrisa permanente. Al tiempo que yo observaba la manipulación en el sexo de Laura, miraba también al burrito, quieto totalmente, dejándose hacer, pero mirando muy atentamente, a pesar de esa inexpresividad, parecía que su rostro de había dulcificado. Permanecía con la cabeza algo agachada, como concentrado.

– Laura -me atreví a interrumpir un momento sus jadeos-, dime, y si el burrito te diera un empujón fuerte para penetrarte, como hacen con las burras ¿que pasaría?

– No hay problema. Ese instinto lo tienen cuando están encaramados encima de la hembra, y empujan para penetrarla al completo. En esta postura, con las cuatro patas en el suelo, no lo hace y si lo hiciera, yo con la mesita de ruedas me apartaría rápido. Pero lo que sí hace, fíjate, es tensar de vez en cuando los músculos de la polla, como si quisiera levantarla y la lleva ligeramente hacia delante, pero sin presionar.

– ¿ Y eso te gusta?

– Uffffff, cuando lo hace me vuelve loca….

Me fijé con más detenimiento y, efectivamente, el asno tensaba la polla de vez en cuando, al tiempo que mi amiga soltaba un gemido mucho más fuerte.

– ¿Y cuando se corre el animalito?

– Cuando yo quiero…

– Joder ¿y como lo consigues?

– Es fácil. Estos animales solo se corren cuando la tienen totalmente metida. Como en este caso solo es la cabecita y algo más, no llegan al clímax, y para conseguir que termine cuando yo estoy ya algo cansada, lo masturbo con las dos manos por la longitud de toda la polla, entonces sí, entonces eyaculan.

– ¿Y que tiempo aguanta con la erección?

– Mucho tiempo, a veces una hora…

– Joder, no me extraña que te vuelvas loca con el animalito…

Siguió el masaje entre el glande del asno y el coño de mi amiga. Noté como lo tenía ya muy abierto, dilatado. Se apartó un momento para poner más lúbricamente y volvió a la tarea. Entonces me pareció que la punta de la polla, la bonita y tersa esfera de carne dura, se hacía como más corta, como si se aplastara. Era, sencillamente, que empezaba entrar dentro de Laura.

– ¡ Si no lo veo, no lo creo…¡ Te está entrado…

– Pues claro, cielo, claro. ¿No te lo creías, verdad?.

Ya no aparté más los ojos de la zona íntima de mi amiga, es más, acerqué la silla para quedar muy cerca. Cierto que en una escena como la que describo, habrá personas que se escandalizan, que considerarían a mi amiga una auténtica pervertida, inmoral, etc. Yo creo que nadie estamos en condiciones de juzgar a nadie, todos tenemos nuestros defectos y pecados. Por eso, en ese momento yo solamente me centraba en un acto sexual, puramente sexual, sin más condicionantes. Y cierto, que al menos para mí, era de un encanto y elegancia extraordinarios. La mujer, allí, totalmente abierta, con los poderosos muslos en los costados del animal, gimiendo, los pechos desparramados, la boca abierta como si le falta el aire…

– ¿Te has corrido, Laura?

– Me he corrido ya dos veces, cielo. Ahora vendrá la tercera y forzaré la corrida de mi macho…

Reconozco que tenía suerte, gozaba sin frenos. Normal que de un tiempo a esta parte no se acordara para nada de los hombres.

Totalmente dilatada, relajada, tiró con fuerza hacia ella del pene de Pollito. Entonces sí, se coló toda la cabeza del falo dentro de mi amiga. Y noté que lo hacía sin que le resultara desagradaba, sin que le doliese. Soltó un suspiro aún más hondo y mientras la polla del animal se tensaba otra vez, ella siguió apretando hasta que entraron unos diez o quince centímetros más. Ahora ya no se controló la mujer y soltó más que un gemido casi un aullido, para quedar luego unos momentos reposando sobre la camilla, manteniendo dentro esos 25 a 30 centímetros de polla asnal.

A continuación se echó más lubricante en las manos y sin sacarse el miembro comenzó a masajearlo en toda su longitud, masturbando al animal. Solo duró esta operación unos momentos, el burrito volvió a tensarse, abrió sus fosas nasales para respirar agitadamente y de golpe el coño de Laura escupió hacia atrás varios chorros de semen, que salían apretados entre las paredes de su sexo y el miembro del animal. Lo que había ocurrido es que teniendo ella metida la polla hasta el fondo, su vagina estaba totalmente ocupada y un chorro tan potente y abundante de semen no tuvo más remedio que escapar hacia fuera buscando una salida.

Ahora ella permaneció un momento quieta, aún con el falo dentro, para que Pollito, gozara hasta el final Enseguida el animal se echó un poco para atrás y salió del interior de la mujer, colgando su falo ahora ya algo flácido y chorreando aún algo de esperma. Laura desplazó la camilla, y se ausentó un momento a un baño cercano para asearse. Yo no pude evitar arrimarme a la cabeza del animal y acariciarlo, al tiempo que le hablaba…

– Muy bien, muy bien, Pollito, te has portado, eres un auténtico macho.

El animal movió la cabeza para rozarme con su hocico, como si quiera también acariciarme.

No fue, por supuesto, la única vez que acudí a contemplar aquel bonito espectáculo. Lo grabé también alguna vez y luego veíamos el video, con todo tipo de comentarios. Ella me animaba a que yo probara también su experiencia, pero no acababa de decidirme.

Pero eso no impedía que alguna vez viendo como disfrutaba mi amiga me cogiese también un buen calentón y allí mismo me desnudaba y me masturbaba con todo entusiasmo hasta sentir, como ella, más de un orgasmo.

Somos muy guarras, lo reconozco. Pero.. ¿y lo bien que lo pasamos?


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