Mi primo termina convirtiéndose en mi amante


Dormir en esa casa era algo recurrente, lo había hecho decenas de veces durante su infancia, pero esa noche sucedería algo que creía imposible aunque llevara deseandolo por meses. El reloj marcó la media noche con su inconfundible y molesto tintineo, Camila se incorporó en el sofá que múltiples veces le había servido de cama, no podía conciliar el sueño y la casa de sus tíos estaba en completo silencio. Le inquietaba imaginar a Felipe sin camisa o incluso desnudo bajo las sabanas a solo unos metros de distancia, la idea provocaba una sensación de electricidad que corría desde su abdomen hasta su centro de placer. Se recostó de nuevo sin dejar que la idea se esfumara de su mente, cerró sus ojos, necesitaba sentirlo, al menos imaginarlo. Acarició su abdomen, deslizando los dedos bajo la delgada tela de su blusa. Subió lentamente hasta sentir la curva de sus pechos, medianos, redondos, de pezones pequeños y oscuros que contrastaban con el tono palido de su piel. Sus manos se sentían heladas, la piel de los senos se erizaba al contacto de las yemas de sus dedos. Su espalda empezaba a arquearse cuando lo escuchó, el crujido de una puerta seguido de un susurro.

– Prima ¿Estás despierta?

-Si, no he podido dormir

-Estoy igual, me muero de aburrimiento

-¿Y qué vas a hacer?

-No sé, ¿Quieres ver una película en mi habitación?

-Si, dale

-Bueno, ve y buscas una mientras subo algo de tomar ¿Quieres jugo o cerveza?

-Una cerveza está bien, no hagas mucho ruido porque tus papás de pronto se enojan

-Si, tranquila

La intrusión de Felipe la había sobresaltado, verlo en el umbral de la puerta con el dorso de su cuerpo atlético al desnudo y en boxer, e invitandola a ver una película era casi sugestivo, pero tenía que borrar esa idea de su mente, era solo su primo. Caminó hacia la habitación, buscó una película al azar y esperó por su llegada. Ámbos se acomodaron en la cama, Camila bebió su cerveza y en el transcurso de una media hora sus ojos empezaron a cerrarse. Minutos más tarde, sin que el sueño lograra vencerla, Camila abrió los parpados, y vió a Felipe con la mano bajo sus boxer, los ojos cerrados y la cabeza recostada en la cabecera de la cama. Pordría haber estado soñando. Lo observó por unos instantes hasta que él se reincorporó y notó que lo habían descubierto. Sus mejillas se ruborizaron, las palabras se atragantaban en su boca mientras intentaba disculparse. Camila reia timidamente, mirandolo con complicidad.

-Pedón Cami, pensé que estabas dormida

-Tranquilo, no pasa nada

-Qué pena

-¿Pena de qué? todo el mundo lo hace

-¿Qué cosa?

-Pues masturbarse, tonto. Solo que no al lado de sus primas

Felipe se relajó ante la acitud jocosa y lasciva de Camila. Pero su entrepierna no hacia lo mismo, su erección se mantenía firme, y la cercania del cuerpo de Camila no hacia más que incentivarlo

-¿Todos? ¿Tú también?

-A veces

-a ver, ¿Cuándo fue la última vez?

-Jajaja adivina

-mmmm ¿Ayer?

-No, un poco más recientemente

-¿Hoy? Pero si son las 1 a.m.

-¿Y? jajaja

-Lo sabia… ¿Lo hacias cuándo entré a llamarte? ¿Por eso te asustaste?

-Bueno, técnicamente apenas iniciaba

-¿En qué estabas pensando?

-Es demasiado vergonzoso

-Dimelo, creo que ya superamos lo vergozoso

-mmm en…ti

-¿En serio? ¿Por qué yo?

-¿Tiene que haber una explicación? ¿En qué pensabas tú?

-Pues…también en ti

-¿Por qué?

-Presentí que te estabas tocando porque te sobresaltaste y tenias la mano bajo tu blusa. La sacaste rápido. La idea me excitó

-No, pues qué genio salió mi primito

-¿Primito?

Felipe notó la mirada de Camila sobre su boxer, ya no intentaba ocultarlo, estaba excitado, firme, preparado para cualquier oportunidad que se presentara esa noche. Se encontraba tan cerca de Camila que decidió ariesgarse, la besó timidamente en los labios, rogando que ella le correspondiera. Camila respodió, separando levemente sus labios, rozando su lengua con la de él, cerrando los ojos y dejadose llevar por sus instintos.

La mano derecha de Felipe se deslizaba por el muslo desnudo de Camila, su mano izquierda le acariciaba el cuello y jugaba con su cabello. Bajó de sus labios a su cuello, besandolo, subiendo hasta el lobulo de su oreja, chupandolo, susurrandole al oido cuánto la deseaba. La piel de Camila se erizaba, era más sensible a los estimulos cuando él la tocaba, sentia como sus manos subian por su abdomen y desabrochaban el sostén, como sus pulgares jugaban con los pezones que en ese punto estaban completemente firmes. Estiró los brazos, facilitandole a Felipe el desnudarla. Sus cuerpos rotaron, ella se encontraba sobre él, sintiendo la presión de su pene contra su short. Ahora era ella quien recorria el cuello de Felipe con su lengua, moviendo su cadera mientras sentia unas manos fuertes que apretaban sus nalgas, abriendolas, rozando su vagina con las yemas de sus dedos.

-Mmmm qué rico, te quiero dentro de mi

-¿Segura? Nos van a matar

-Shhh nadie se va a enterar

Camila se apoyó en las rodillas, Felipe empezó a bajale el short de la pijama, le agradó descubrir que no tenia bragas debajo. Ella se puso de pie sobre la cama y botó lo que le quedaba de ropa al otro lado de la habitación. Se inclinó sobre él, acercandose cada vez más a sus boxer. Bajó lentamente la tela, dejando el pene erecto al desnudo, lo tomo con su mano, su lengua lo recorrió de la base hasta la cabeza, saboreando cada poro, sintiendo como la respiración de su primo se aceleraba. Masajeaba sus testiculos mientras su lengua jugaba en el glande, formando circulos. Su mano subia y bajaba, suavecito, chupaba la cabeza, siguiendo el ritmo de su lengua. Camila no soportaba más la excitación, deseaba sentir a su primo amante entrando en su cuerpo, así que se arrodilló retirando su boca del pene de Felipe, puso cada pierna a un costado de su puerpo, tomo el pene con la mano rozandolo con su clitoris, entonces ubicó el glande en la entrada de su vagina y fue sentandose lentamente hasta sentir sus testiculos contra su piel.

Felipe la tomo de las nalgas marcando el ritmo de las estocadas, Primero lento, quería disfrutar cada segundo que pudiera el cuerpo de su prima, esa prima que llevaba deseado por años, a la que había invocado en sus sueños eróticos en tantas oportunidades. Empezó a besar sus pechos, sujetando un pezón entre sus labios, halandolo suavemente, chupandolo. Ahogaban sus gemidos intentando ocultar lo que sucedia en esa habitación, pero con el temor de ser descubiertos. Felipe la abrazó de la cintura y la rescostó de espalda contra la cama, puso las piernas de Camila sobre sus hombros, su manos se entrelazaron, y en medio de besos, gemidos y estocadas, ámbos obtuvieron el orgasmo que tanto anhelaban.


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