Mi hermanito y sus tres amigos


La historia que les voy a contar es verídica, y sucedió cuando tenía 16 años: mi nombre es Erika, y vivo en Lima, específicamente en Miraflores. Hoy tengo 24 años y recuerdo esta historia con mucho placer.

Soy bajita, un metro 55, pero tengo un muy buen par de tetas y un trasero paradito que hace que la gente siempre voltee a verlo, a mi me encanta y hace que me sienta muy bien.

Bueno, volviendo a la historia, acababa de cumplir 16 años y recién me había salido mis tetas, antes era plana pero de un momento a otro, en pocos mese pude ver que la gente, sobretodo los chicos del cole, me miraban distinto. De niña practiqué ballet por varios años, eso me dio elasticidad y un buen par de piernas. En el colegio yo era deportista, y me gustaba participar en las carreras, hasta que un día en plena competencia noté que los chicos me veían y aplaudían al ver el bamboleo de mis pechos, grandes y duros, que con el calor y el sudor se transparentaban en el polo que tenía puesto. Ese día sentí un poco de vergüenza, pero mucho placer y gusto al ver que mi cuerpo gustaba sobretodo a los chicos.

Tengo un hermano dos años menor que yo, y mi madre que trabajaba todo el día para poder llevar la plata que se necesitaba para los gastos de la casa, mi padre se había marchado hacía ya varios años y era ella la que se encargaba de cubrir el presupuesto de la casa.

En el verano, que era la época de vacaciones, que en Lima es fuerte y húmedo, a mi me encantaba hacer una siesta, es decir dormir un par de horas después de almorzar, hasta que pase un poco el calor y así poder salir con los amigos más tarde. La siesta yo la hacía completamente desnuda, pues tenía mi propia habitación y allí cerraba la puerta y con un poco de música arrullaba mi sueño. Mi casa era antigua y las cerraduras tenían un agujero para la llave. Una tarde estaba durmiendo, y sentí un leve murmullo que hizo que entreabriera los ojos, y pude notar que había alguien detrás de la puerta. Supuse que era César, mi hermano de 14 años. Al principio me sentí muy mortificada, pero la idea que me estuviera mirando, hizo que me sintiera muy bien, caliente, pensando que a alguien le gustaba mi cuerpo. Lo dejé mirar, y es más me moví haciéndome la dormida para dejarle una mejor visión de mi culo y de mi cuca. Al rato sentí un ruido acompasado que iba acelerándose. César se estaba corriendo la paja, eso hizo que yo me sintiera en las nubes, hasta me mojé solo de imaginarlo.

César era un buen chico y le encantaba correr tabla, practicar surfing, y por eso tenía un cuerpo musculoso y tostado por el sol, al igual que sus amigos tablistas, todos menores que yo, pero grandes y fuertes. Sus amigos siempre iban a la casa y me hablaban lindo, con esa timidez y respeto de niños, casi jóvenes, que se están haciendo hombres y ven a una muchacha mayor.

Bueno, continúo con la historia. César siguió mirando tarde a tarde a su hermanita querida, desnudita con el poto parado y moviéndome para que también vea mis super tetas, que en ese entonces tenían un pezón rosado y pequeño. El siempre me agradecía haciéndose una paja que a mi, con sólo imaginarla, hacía que me moje todita. Inclusive en algunas ocasiones, haciéndome la olvidadiza dejaba la puerta junta, y podía ver que él se asomaba y se acercaba con cierto temor cerca a mi, y veía como igualmente se pajeaba tratando de no hacer ruido.

En una ocasión en que yo me hacía la dormida y el estaba en mi habitación, sentí que me tocaba ligeramente la cuca, que ya estaba mojada, di un salto y el se asustó y quiso huir, pero ya era tarde. El pensó que me iba a molestar, pero no, le dije que sabía que hacía esto desde hacía algún tiempo, y que si no me tocaba podía mirar todo lo que quisiera.

Es así como me acostumbré a que me vea desnuda, y a verlo pajearse delante de mí. Eso me gustaba. Me veía por todas partes, las tetas, el culo, la cuca. A veces yo le abría mis labios vaginales y hasta mi ano, y el se agradecía con otra paja.

Una tarde, en que yo estaba en plena siesta, sentí ruidos detrás de la puerta, supuse que era César, y me llamó la atención que no entrara como era su costumbre mientras yo dormía. Pude notar que había más de una persona tras la puerta, yo seguí durmiendo o mejor dicho haciéndome la dormida, igual moví mi cuerpo para que se vea bien mi culo y luego suavemente me volteé para que vean mis tetas. Sentí movimientos de gente que se hacía la paja. No dije nada, porque el tema me había excitado tremendamente.

Por la noche antes que llegue mamá, y estando César y yo sólos en casa, lo veía nervioso, como que me quería decir o contar algo. Yo estaba tranquila, esperando que hable, y me dijo: Hermanita, te tengo que decir la verdad, hoy llevé a Beto, Rodri y Sebas a la casa después de correr tabla, y me acordé que estabas descansando. Tu sabes que ellos te admiran y les encantas desde siempre, y me dijeron si podían mirar un poquito mientras dormía, ellos no sabían que tu dormías sin ropa, les dije que nó, pero cada uno me ofreció un sol por verte, y bueno un sol es un sol, y no me pude negar. Sólo te miraron un minuto, lo juro, pero los tres se corrieron la paja, y yo junto con ellos.

Bueno César, le dije, esto era sólo para ti, pero por esta vez pasa. Así se lo dije, aunque en el fondo me sentía excitada y mojada imaginando que 4 jovenzuelos se habían corrido la paja por mi.

El asunto, me dijo César, es que ahora me han ofrecido 5 soles cada uno si mañana pueden entrar a tu cuarto y verte de cerca, sin tocarte hermanita, por favor, te lo pido, te lo ruego. Te doy la mitad, pero por favor hazlo. Me dio risa su ofrecimiento de compartir su botín.

Ante esto no me pude negar, me excitaba mucho pensar que 4 muchachones me iban a ver desnuda.

Me rasuré mis pocos pelitos y al día siguiente no tenía hambre, quería que llegue el momento. Al final comí algo ligero, fui a mi habitación, me desnudé, puse algo de música y esperé y esperé, y como no llegaban, me quedé dormida de verdad. Algo me despertó al poco rato, entre abrí los ojos y pude ver a 4 muchachos grandes y fuertes viendo mi cuca, mis tetas, y admirando mis piernas. Sonreí para mis adentros y después de un momento suavemente me fui volteando para que puedan gozar viendo mi culo redondo, me moví tratando de pararlo para que pudieran ver hasta los labios vaginales abiertos y quizás algo de mi ano. Me encantaba poder darles este espectáculo, luego regresé suavemente a la posición inicial y pude ver cómo se corrían la paja los 4 a la vez. Eso fue lo máximo, hizo que me moje todita, inclusive uno de ellos, Beto, se dio cuenta que mis labios vaginales estaban destilando una gotita y no pudo aguantar y me dio una suave lamidita.

Después de correrse la paja, respetuosamente me dejaron tranquila y se fueron, y yo me masturbé como una loca desesperada y con un gusto a hombre, algo que recién descubría.

Por la noche César regresó a la casa y me quiso dar la mitad de sus ingresos. Los acepté, y me dijo que había estado espectacular. Que sus amigos querían repetir lo mismo al día siguiente, pero querían tocarte. Yo les dije que tenías el sueño profundo.

Lo pensaré, es todo lo que respondí.

A la tarde siguiente aparecieron otra vez los 4, estaba desnuda y me hacía la dormida. Los podía ver afanosos con ganas de tocarme, pero ninguno se atrevía, sólo tenían 14 años, hasta que Beto, acarició mi espalda y yo sentí que me pasaba electricidad. Rodri fue mas audaz, me tocó las nalgas y fue resbalando su mano hasta mis labios vaginales que ya estaban mojados. Eso me provocó otro electroshock. Sebas, mas tímido que los otros, no se atrevía a tocarme, sus amigos le susurraban que lo hiciera, pero finalmente a el se le ocurrió otra cosa, se bajó el pantalón, sacó su miembro y empezó a pasarlo por mis nalgas y por mi raja. Esa sensación era nueva para mi, y me dio un poco de temor.

Debo decir que yo era virgen y nunca había tenido nada dentro de ninguno de mis agujeros. También debo decir que a esta altura del partido, yo no podía seguir fingiendo que dormía, así es que abrí los ojos y les dije: Preciosuras, hagan conmigo lo que quieran, pero no me metan nada en mi cuca, que soy virgen y quiero seguir siéndolo.

Al principio se asustaron, pero al verme tan excitada, y sensual, continuaron con los toqueteos, me decían cosas lindas, que era la mujer más impresionante del mundo, que estaban enamorados de mí, que me amaban, que siempre serían mis esclavos. Siguieron así hasta que Sebas, sin querer empezó a lamerme la vagina y con el dedo empezó a hacerme cosquillas en el culo. No se como, pero con su saliva, mis juguitos y su dedo dando vueltas, el ano se me fue dilatando y dilatando, hasta que Sebas trató de meter su pequeña verguita, fue difícil, pero lo consiguió, me dolió, para ser sincera, pero no era un dolor de muerte, apenas entró, se vino, parece que estaba muy excitado. La sacó de inmediato, y mi propio hermanito César me preguntó si el también la podía meter. Adelante bebé, le dije y sin mucho preámbulo ya estaba ensartada por mi propio hermano, que también terminó rapidito. Después siguió Rodri, que se demoró un poco más y que insistía primero en meter su verga en mi cuca, cosa que no acepté, entonces me besó muy rico, con toda su lengua dentro de mi boca, y luego suavemente me fue metiendo su verguita en el culo. Yo me seguía masturbando delante de ellos, ya había perdido la vergüenza y lo único que deseaba era sentir todo ese placer que ellos me daban, además me hacían sentir como una abeja reina rodeada de zánganos.

Por último le tocó el turno a Beto, este era un poco más alto que sus amigos, y también tenía la verga más grande, fue bueno que los otros hayan dejado el camino lubricado, pues entró con las justas y me hizo sentir muy rico, pues a la vez que me bombeaba por el culo, con sus dedos me tocaba el clítoris. Fue una delicia. Simultáneamente, mi hermanito César estaba con el pene parado y me lo puso cerca a la boca, lo que yo aproveché lamiéndolo y conociéndolo. Era la primera vez que le besaba el pene a alguien.

Fue una linda experiencia, mi culo quedó dolorido, mi vagina intacta y yo muy feliz de haber estado con estos muchachos. Para ser sincera, creo que en esa oportunidad debí haberles dado mi vagina también, y no perder tantas oportunidades por querer entregarla sólo a la persona amada.

Esta experiencia la seguimos haciendo durante todo el verano, y si ellos no llegaban, igual hacía mi siesta desnuda y mi hermanito, que se fue volviendo un experto en estas artes, me atravesaba el culito, o hacíamos toda clase de posturas siempre sin penetrarme por delante.

Han pasado los años y ya no nos vemos, pero recuerdo siempre ese verano como el más excitante de mi vida, siendo la reina para 4 debutantes en el sexo.


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