Me entregue, abrí mis piernas y que su mano acariciara mi coño húmedo


Me acabo de acordar de Antonio porque he recibido un mensaje de whatsapp suyo, ahora mismo, preguntándome qué tal estaba y que si me acordaba que teníamos algo pendiente.

Desde agosto no sabía nada de él. Quedamos mi amiga Bea y yo con él para tomar unas copas y ver si éramos compatibles los tres para meternos en la cama y disfrutar de un buen trío. Yo sabía que sí que lo era con los dos, pero Bea es un tanto especial y no tenía claro si le iba a gustar Antonio. Ese día se puso enferma la madre de Bea y tuvimos que cancelar la cita. Me sentí un poco desairada cuando Antonio no decidió quedar conmigo aunque ella no pudiera y, la verdad, me sentó un poco mal que no se le ocurriera la idea… porque las dos veces que habíamos follado nos lo habíamos pasado muy bien.

He tenido una época en la que nada más mentar que me gustan las mujeres y que he hecho algún trío, los hombres me veían como “proveedora” del trío y el que me lo ha propuesto antes de pensar que podría satisfacerme a mi primero, he cortado de raíz la situación. Me gustan los tríos pero como un juego más dentro de una “relación” con un hombre en la que nos proporcionemos placer… y esa es una de las formas de disfrutar de “nuestro” sexo. Así que… aviso a navegantes!!! Necesito complicidad y buen rollo para compartir más formas de placer conmigo.

Bueno, a lo que iba… Antonio y yo nos vimos por primera vez en la entrada de un Centro Comercial. Yo sí que había visto fotos suyas pero él no había visto ninguna mía… Pensé que era muy atrevido, pero bueno, accedí a que nos conociéramos. Un café y quién sabe… Su conversación era fluida, buena y me gustó que quisiera hablar conmigo por teléfono para oírnos las voces. Mide 1,90, es un hombre grande, con barba canosa, recortada y muy tranquilo. Cuando llegué a la puerta del Centro Comercial había un hombre así hablando con una chica… así que pensé que no era él. Cruzamos las miradas y me retiré en una esquina esperando a que se acercara mi cita. En cuanto terminó de hablar con esa chica, se dio la vuelta y se acercó a mí… “¿Estefania?” “Si, soy yo…” “Hola, por aquí conozco gente así que vámonos a un café por aquí cerca por si me encuentro con alguien más”.

Me llevó a un sitio muy coquetón, que, aunque era por la mañana, reflejaba un ambiente muy acogedor e íntimo. Pudimos tomarnos un té y un café respectivamente y hablar de los más y los menos de lo que buscamos los hombres y las mujeres hoy en día. Tras una hora de buena charla, yo me tenía que ir… Tenía una comida de trabajo que no podía eludir y decidí despedirme con la intención de volver a quedar porque me había gustado. Entonces, Antonio me propuso acercarme al coche, aunque le insistía en que estaba muy cerca… Yo sabía que intenciones tenía. Llovía a mares, así que accedí a que me llevara. En cuanto entramos en el coche, acercó sus barbas a mi boca y me besó frenéticamente. Había mojado mis bragas durante la conversación con él pensando que podía hacer algo así en el café… pero no lo hizo. Mientras me besaba acercó su mano a mi sexo para apretarla contra él e introducir su dedo incluso con el pantalón puesto. La lluvia golpeaba las ventanillas de su coche de alta gama aparcado en la calle, a plena luz del día, y por la que pasaban personas justo por la acera que teníamos delante del coche aparcado en batería y mirando hacia ella. Eso hizo crecer mi excitación, a la vez que mi nerviosismo pensando que alguien nos podía ver… Mi excusa mental para que me importara bien poco era que con los paraguas, la lluvia y los cristales que se estaban empezando a empañar con nuestros calores corporales no nos iban a ver. Así que, abrí bien mis piernas echando hacia atrás el asiento y permitiendo que su mano accediera a mi coño, húmedo, caliente y deseoso de un dedo de placer. Mmmmm… En cuanto introdujo su dedo por debajo de mis bragas, separó su cara de la mía y me dijo “eso es lo que quería saber, si te habías mojado. Porque supongo que no irás así a comprar el pan, no?” Hizo que esbozara una sonrisa picarona mientras le decía jadeante que no, que eso lo había hecho él. Metía y sacaba su dedo, después otro más, hasta que decidió meter sus tres más largos para darme placer mientras yo no podía permanecer con la boca cerrada para seguir besándole… Jadeaba, gemía, disfrutaba de su tacto bajo mis pantalones y mis húmedas bragas. Estaba haciendo que deseara explotar para él, me iba a correr y él lo noto, tanto es así que decidió sacar sus dedos y masturbar mi clítoris con destreza para llegar al orgasmo mientras nos mirábamos a los ojos con nuestras caras muy cercanas. Agggggg… el flujo mojó mis bragas, empapando mi pantalón, incluso mojé el asiento de su coche… Una vez que me recuperé, él sacó su polla del pantalón, sonrosada, contenta y me dijo que se la chupara. Pues le voy a decir que no… y se lo dije… “hoy no te la voy a chupar, pero te voy a hacer una de las mejores pajas que te hayan hecho nunca”. “Ya, pero eso me lo puedo hacer yo” “Como quieras… pero te va a gustar” Cuando tenía mi mano en su miembro cambió la cara, ya no podía decirme que no… Empecé a ordeñar su polla, despacio, disfrutándola… me gustaba… que pena que no me pueda follar ahora mismo. Con ese coñito chorreante que se me había quedado iba a disfrutar muchísimo de entrar y salir una y otra vez. No me dio tiempo a fantasear mucho más… puso los ojos en blanco y gritó que se corria… Muy buena su corrida… fue hábil con su mano para no manchar mucho el coche ni su pantalón y me di prisa en buscar un pañuelo de papel en mi bolso para limpiar todo aquello.

Por entonces los cristales estaban muy empañados pero si os soy sincera, no volví a pensar en si nos había visto alguien o no… podíamos haber tenido palco y anfiteatro de transeúntes, pero nos habría dado igual jejeje.

Después de recomponernos, me acercó al coche y quedamos en volvernos a ver para terminar lo que habíamos empezado. Unos pocos días después me mandó un mensaje preguntándome que si me podía llamar. Durante la llamada me preguntaba si tenía un hueco la semana siguiente por la mañana, que iba a estar en su casa. Así que, miré en la agenda y quedamos para el martes siguiente en la boca de metro más cercana a su casa. Teníamos ganas de follarnos los dos y no lo dudé… Tenía claro que me lo iba a pasar muy bien en la cama y así fue!!

Os lo cuento en la próxima historia…


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