Mi marido accedió e hicimos un intercambio de parejas, pude ser infiel por primera vez y fue consentido


Esto que voy a relatar, sucedió hace aproximadamente dos años.

Primero me describiré: Soy mujer casada con críos, rubia, ojos verdes, 171 cm altura y 90/61/93, cola bastante interesante (según lo que los hombres me dicen en la calle y los que compartieron y comparten lecho conmigo lo ratifican. Es lo que dicen una buena hembra. Dejé de ser virgen vaginalmente a los 16 años y analmente a los 19. Fuí modelo de pasarela y tuve varios “casting sábana”, en algunos casos en Gang Bang o simplemente en orgías, para lograr ubicarme en la escala de modelos de primera (Como lo  han pasado todas las modelos afamadas, aunque lo nieguen enfáticamente).

Conocí al que es hoy mi marido, dejé poco a poco las pasarelas y con ello mi vida y mi vida alocada, de tanto en tanto me pego “una escapadita” que mi esposo desconoce. Hay un viejo refrán que dice “La cabra para el monte tira y la puta para la cama”. Fui una oveja negra en mi familia, pero mis padres suspiraron aliviados cuando me casé.

Retomo el relato, mi marido cumplía años y le quise hacer el mejor regalo, ofrecerle lo que él anhelaba, una visita a un boliche swinger.

El sostenía que era solamente para mirar, mientras en mi interior deseaba no menos de un trío HMH, pero no lo expresé.

Me produje como una Escort VIP, aros redondos muy amplios, vestida con una túnica de Gasa negra, muy translúcida, como prenda interior una mini tanga blanca hilo dental (Que sabía que con la luz negra, iba a resaltar), sin brasier, ya que mis lolas se sostienen paraditas sin el.

Una capa de la misma tela, que tapara mi casi desnudez a la vista de los peatones/vecinos en la calle y unos zapatos de acrílico transparente con plataforma y gran tacón.

Cuando pasé por el espejo del palier, me miré, el espejo me devolvió una figura que me hizo acordar la época en que transitaba pasillos en busca de productores y terminaba en la cama de alguno de ellos. Me sentí sumamente conforme con mi figura.

Llegamos al boliche, dejé mi capa en el guardarropas e ingresamos  al local propiamente dicho, la luz negra develó lo que yo había previsto, la mini biquini resaltaba notoriamente y hasta oí un murmullo de los asistentes. Sin darle importancia al mismo, nos dirigimos a la barra a solicitar las bebidas y nos instalamos, mientras curioseábamos el lugar y hacíamos acotaciones. Ya agotadas las bebidas nos fuimos a la pista de baile, allí música tropical nos hacía bailar separados, mientras estábamos en esa, varias veces manos anónimas me toquetearon las nalgas. Al ser tan fina la tela y ser la ropita interior solo un hilo, sentí que las manos apretaban y se deslizaban por mi zanja, como si estuviera completamente desnuda. Mi entrepierna cada vez estaba más húmeda, en algunos casos, exageradamente me separaba de mi marido forzando un roce para seguir gozando esas caricias.

Pusieron luego, una música más lenta, por lo cual optamos por volver a la barra a beber otra copa de licor.

Volvimos a nuestros asientos, charlando un tanto de lo bien que estaba puesto el boliche, cuando anunciaron el espectáculo en vivo, que se desarrollaría en la pista de baile. Nos agrupamos como pudimos entre tantas parejas, hembras y machos. Era una pareja, que luego de acariciarse, iniciaron un contacto sexual con penetración, a todos los presentes nos cachondeó, en el amontonamiento y con la calentura que generaban “los actores”, varias manos me acariciaron bien profundamente la cola, sin ninguna reacción aparente de mi parte, ya que la procesión calenturienta iba por dentro mio. Mi marido entretenido con la actuación, no daba señales de enterarse que su mujer era sobada por todos los machos cercanos.

Terminada la actuación, volvimos a nuestro lugar, pero ya mucho mas calentitos. Mi marido comenzó a toquetearme y me propuso ir a alguno de los “privados” para continuar a profundizar lo que estábamos haciendo. Vaciamos las copas de licor y nos fuimos a un privado, son lugares habilitados con una especie de lecho sumamente amplio, más de 150 cm de ancho.con lugar como para varias parejas, relativamente oscuro y sin puertas. Cada persona que pasaba por el pasillo, tenía vista de lo que hacían los que estaban dentro. El único sitio más o menos desocupado que nos pareció potable, era uno, donde dos muchachos hacían un trío con una chica HMH, nos acomodamos en una punta de la cama, donde mi marido se bajó a mi entrepierna y me comenzó a lamer desde mi almejita hasta mi ano, arrancándome varios orgasmos, teniendo en cuenta que soy multiorgásmica y que estaba super cachonda por todo lo sucedido hasta ese momento. Luego me bajé yo y le lamí el tronco del pene, desde el glande hasta los testículos, terminando de meter en mi boca su mediana cabeza.   En un momento me frenó, me dijo que si continuaba en ese metié iba a acabar y que lo quería era acabar dentro de mi vagina. Me subió la túnica hasta el cuello, me chupó tremendamente la tetas y me penetró vaginalmente de un solo envión, ayudado de que yo estaba totalmente lubricada. Mis piernas abrazaban a mi esposo por la espalda, cuando ingresó un macho, bastante agradable y dirigiéndose a mi, mi marido no había advertido su presencia al estar totalmente de espaldas, me preguntó si aceptaba que participase. Ante tamaña pregunta, no le respondí, pero le dije a mi cónyuge, que el señor quería hablar con él, mi marido sin dejar de penetrarme giró el torso y esperó la pregunta, el potrillo este le volvió a reiterar a mi marido la pregunta, ante mi sorpresa, mi esposo respondió, que él no tenía inconveniente en acceder a lo requerido, pero que esa pregunta la debía responder yo. Anonadada no supe responder, mi marido tomó mi mano, estirándola hacia el joven, que la ver mi mano a la altura de su entrepierna, abrió el cierre de su bragueta y sacó una poronga, como hacía rato no gozaba, me la puso en la mano y me ayudó a que lo masturbase. Al sentir la tersura de ese miembro, mientras mi marido me seguí serruchando, mis orgasmos se sucedieron sin solución de continuidad, cuando sentí la lechita tibia de mi marido inundando mi concha, yo ya estaba mamando aquel choto, que llenaba mi boca. Exploté en un super orgasmo. Mi marido se retiró de adentro mío, he invitó al muchacho a ocupar su lugar, eso si le exigió el uso de profiláctico. El muchacho se situó entre mis piernas y me enterró lentamente su fierro. Al tener ya dilatada la vagina, poco le costó llegar a tope, pero yo sentí como llenaba totalmente mi vagina, arrancándome gemidos de placer. Era realmente un polvo con todas las de la ley, mientras mi marido trataba por todos los medios despertar a su flácido pene, haciendo que se lo chupara. El “invitado” me estuvo, para mi satisfacción y goce”, cogiéndome cerca de 20 minutos, en los cuales seguí teniendo múltiples orgasmos. Cuando acabó me saludó agradeciéndome el servicio, dejándome su tarjeta con todos sus datos, por si yo quería volver a coger con él.Mientras que yo cogía con este chico, la mujer del trío, me empezó a chupar una teta. Yo estaba super cachonda, con la cogida que estaba siendo recibida, la poronga de mi marido en la boca y la chica chupando mi teta, que al acabar el “invitado”, yo quería seguir la fiestita, uno de los chicos del trio me pidió permiso y me insertó su pene en mi panocha, yo quería seguir cogiendo con cualquiera que se presentara y toda la noche. Mi marido con la pija ya morcillona, empezó a manosearle la cotorra a la chica, cuando el chico que estaba sin actividad nos propuso seguirla en su departamento, que estaba a menos de 15 cuadras del lugar. Con la calentura que teníamos mi marido y yo accedimos de inmediato, pasé por el guardarropas, retiré la capa y fuimos hasta un estacionamiento cercano (Con mi marido habíamos llegado en taxi). Uno de los chicos, preguntó a mi marido si sabía manejar, ante la respuesta afirmativa, le dio las llaves del coche, para que manejara siendo copiloto la chica, subió en la parte de atrás uno delos chicos, yo en el medio y el otro chico al otro lado. El franeleo que me hicieron asiéndome sentar sobre la pija de uno, que me ingresó totalmente vaginalmente, mientras el otro me sobaba y me chupabas las tetas al tener la vestimenta arrollada a mi garganta, fue impresionante. La chica, mientras le chupaba la verga a mi marido.

Llegamos al estacionamiento del edificio, con la llave electrónica abrieron la puerta y descendimos hasta un primer subsuelo. Bajamos del auto ya estacionado, parecían pulpos por las manos y dedos que ingresaban tanto a mi concha como a mi orto, dilatándome el esfinter como para recibir una buena penetración sin mayores esfuerzos. No iba a ser mi primera penetración anal ni tampoco la última. Llegó el ascensor, habilitado solamente para tres personas, subimos los dos chicos y yo al 9 piso, mi marido se quedó con la chica en el subsuelo, luego me comento que la chica le dijo que le diéramos un tiempo prudencial al trío, como para que yo gozara un poquitín de intimidad y pudiera soltarme sexualmente, mientras ella le prodigaba un pete de locura, ya que no quería estar desnuda por si arribara algún vecino.

Ya dentro del departamento, me quite toda la ropa, lo mismo que los chicos, me tomó uno de la mano y me condujo a uno de los dormitorios, allí se tendió y me pidió me insertara la pija en mi concha, luego hizo que me recostara sobre él y el otro chico, sin mayor dificultad, al estar ya dilatado mi orto, me penetró analmente.

hacía un tiempo que no recibía ese tratamiento, que sumado a una o varias pijas en la boca, es algo que ninguna mujer debía de dejar de probar. Es el sumun del acto sexual para una hembra, se goza exquisitamente, te sentís en el Edén de las cogidas. Todavía no puedo creer los orgasmos que tuve. Y mi libido quería más, pero  mucho más. Los chicos tomaron una cámara y comenzaron a rodar, en un TV 50, yo veía como me perforaban el culo, veía como me la sacaban de adentro, como quedaba mi orto en flor y como volvían a penetrarme lentamente, de tal forma veía claramente como su cabeza me ingresaba analmente, esa visión aumentaba notoriamente mi calentura.

Así llegó mi marido, cuando tenía doble penetración. No se que miró ni como lo tomó, poco me preocupaba, se tiró con la chica en la cama y en posición de perrito, advertí que la sodomizaba.

Luego de innumerables penetraciones, resolvimos tomarnos un respiro, todos desnudos fuimos al living a tomar alguna bebida. Allí cada uno contó de sus fantasías, mi marido confesó que su fantasía era compartir a su mujer, pero que nunca creyó que se daría y menos de la forma en que se dio. Yo por mi parte me sincere y dije que me encantaba la doble penetración, y más si participaban morenos bien dotados. Mi marido ya sabía que yo de soltera había tenido varios Gang Bang y orgías en el ritmo que imponía el modelaje (no supo nunca de mis escapaditas de casada).

Uno de los chicos hizo una llamada telefónica y aproximadamente 10 minutos luego sonó el timbre, abrieron y se presentó un moreno, digamos un negro super fornido, vestido únicamente con un short y ojotas, mientras nosotros seguíamos todos desnudos, con una sonrisa de boca a boca, nos dijo, bueno me pondré en las mismas condiciones de ustedes, se quitó las ojotas y luego el pantaloncito, dejando a la vista una tremenda poronga, en ese momento morcillona y gorda, que realmente me enamoraba.

El chico que habló telefónicamente me dijo, bueno, no pude conseguir más de un moreno, pero creo que tu fantasía estará medianamente cumplida. Yo complacida.

El moreno se sentó a mi lado, por lo visto había sido bien aleccionado

comenzó a magrear mis tetas, besándomelas mientras que su otra mano acariciaba mi entrepierna, yo abría las piernas para facilitar su labor, cuando me tuvo “a punto de caramelo”, me tomó de la cintura y me llevó al dormitorio, allí me di cuenta que los dos chicos y la chica decidieron con antelación no participar, le dijeron a mi marido que únicamente mirara como lo harían ellos. Uno actuó de camarógrafo, el resto bien parados o sentados en sillas mirarían el espectáculo, de como yo cumpliría mi fantasía propiciada por los chicos.

Me puse a hacerle una felatio, exquisita manera de recibir al moreno, me encanta ver como la poronga toma brillo con mi saliva. No pude tragar más de la mitad, ya que su punta rozaba mi garganta y me producía arcadas, pero en un momento el negro se tensó y acabó dentro de mi boca, ríos de semen trague (Diré que con la calentura que teníamos mi marido, los chicos y yo, cogimos siempre sin profiláctico). No era la primer vez que tuve esa práctica, pero pocas veces lo hice, nunca con mi marido. Todo iba siendo grabado y reproducido en la TV. Al acabar, creí que el moreno iba a necesitar un tiempo para reponerse, me tomó en vuelo, como a una pluma, me colocó de espaldas en la cama y me penetró, diré sin mentir, que ese a haber sido cogida reiteradamente ese día por la vagina y estar super lubricada, me costo y dolió en un primer momento la penetración de ese intruso. Como sucede en muchos casos a las mujeres, alguna vez le duele un poco, pero luego la gozamos como perra en celo. Yo seguía orgasmeando.

Sin él acabar, me la sacó de adentro de mi vagina, me dio vuelta y me dijo “quiero tu culo”, me metió uno, dos hasta tres de sus dedos, estirándome el esfinter, con dedos que cada uno parecía una zanahoria mediana, al llegar al tercer dedo gemí de dolor, veía en la TV, como ingresaban y salían de mi humanidad. Ya bien dilatado mi orto,apuntó su enorme pene a mi agujero trasero, no creí que me pudiera entrar, veía en la pantalla su esfuerzo y poco a poco su cabeza fue desapareciendo dentro de mi recto, creí o mejor dicho sentí que me habrían en dos, le pedí, le rogué que me la sacara, pero sus manos estaban aferradas a mi cintura y hacía fuerza con su chota para entrar en mi al máximo. Pronto sentí que su pubis golpeaba mis nalgas, me había “clavado” todo su pene dentro de mi cola. Le pedí que esperara un instante, antes de empezar con el mete y saca, a que mi ano se acostumbrara. Allí, luego de unos segundos, comenzó a moverse adentro mio,poco a poco el dolor fue cediendo, dejando lugar al gozo. En momento la sacaba de adentro mio y yo podía admirar como me quedaba abierto en flor mi ano, nunca creí verme tan abierta de cola, era un espectáculo visual espeluznante y calenturiento. Ver como ingresaba su glande, sin mayores tropiezos en mi orto, fue algo  espectacular. Mi marido luego me comentó, que no podía creer como recibía tal chota, que le volvió loco de calentura verme empalada por el negro.

Cuando acabó dentro mio, sentí claramente como su lechita inundaba mi ser, por lo cual exploté en la mejor acabada de la noche.

Ya dolorida,le pedí a mi esposo retirarnos a casa a descansar. En mi dormitorio, mi marido quiso cogerme, yo tenía tanto la vagina como la cola infamada, por lo que le hice una mamada de ordago para que saciara en mi boca sus deseos sexuales.

Otro momento le daría mis dos agujeros.

Al otro día al atardecer fuimos a buscar los críos a casa de los abuelos.

Mony


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