Estos padres crearon un nuevo club, ellos lo que hacen es reunirse en un lugar privado y cogerse a sus hijas


EL CLUB DE LOS PADRES QUE SE FOLLAN A SUS HIJAS. II

Cuando la chica del sorteo volvió, lo hizo limpiándose la boca, por lo que deduje que el viejo se había corrido en ella. El muy mamón no había tenido el decoro de hacerlo en su cara o en sus tetas y la pobre chica no podría haberle dicho que no, claro. Aunque yo también había tenido mi mamada, por lo menos me corrí en sus tetas y no en su boca.

La chica se arregló la blusa y se subió más los pantalones y de nuevo cogió la bolsa y reanudó el sorteo.

Está vez sacó la letra B. Era el gordo barrigón. Hizo que tosía un poco y comenzó su historia:

-Desde hace bastante tiempo tengo la costumbre de sacar fotos a las crías en el metro. No me malinterpretéis ¿eh? Son crías jóvenes pero no demasiado, de unos 16, 17 años o así. Sobre todo me encantan en verano, cuando van con esos pantalones cortos con los que enseñan muslos y que casi muestran el culo por debajo. Uff, me pongo bruto solo de pensarlo.

Bueno, a lo que iba, el caso es que un día que volvía antes del trabajo, oí unos sonidos que venían del cuarto de mi hija. Asomé un poco la cara y me encuentro a mi hija follando con su novio. Bueno, imaginé que era su novio porque estaban haciéndolo como dos perros en celo. Mi hija tiene 17 años y pensé que era demasiado pronto para que lo hiciera, pero viéndolos así me puse un poco bruto y no se me ocurrió otra cosa que ponerme a grabarlos con el móvil.

Los pillé justo cuando mi hija se ponía encima del chico y este le agarraba las tetas. No sabía como poner el móvil para que no me vieran grabándolos.

Aunque un poco torcidos, conseguí grabarlos.

Esa noche estaba viendo la televisión, mi mujer se había acostado pronto y mi hija había salido, cuando cogí el móvil y decidí ponerme el video de mi hija follando con su novio.

Me puse los auriculares y al poco de verlo me excité. Estaba empalmado y aunque era mi hija, me dio por masturbarme.

Estaba arriba y abajo con mi mano meneándomela, cuando apareció mi mujer. Pese a que estaba con la mano bajo el pantalón, paré de repente. Tenía una fuente de la cena enfrente, que había dejado a propósito ahí por si le daba por aparecer, y seguí disimulando, haciendo que veía un video musical.

-No puedo dormir, me dijo, hace mucho calor. Voy a refrescarme la cara.

La oí trastear en la cocina y refrescarse. Bebió agua. Al poco salió.

-Nada, que no se me quita el calor. Voy a darme una ducha, ¿te vienes?

Estaba claro que así no se le iba a quitar el calor. Pero la acompañé.

Como ya estaba empalmado fue fácil.

Follamos como locos bajo la ducha con el agua fría. Aunque creía que con el agua se me iría la erección, no fue así.

Mi mujer gozó como una loca. Gimió y gimió hasta que no pudo más. Después de corrernos, estábamos tan acalorados que acabamos durmiendo en la bañera.

Al día siguiente, nuestra hija entró en el baño y se puso a mear. No se dio cuenta de que estábamos allí todavía en la bañera, hasta poco después.

Se levantó y después de limpiarse y lavarse las manos, tiró las bragas al suelo, imagino que se disponía a ducharse, cuando nos vio allí.

Estaba solo con el sujetador puesto. Mi polla se empezó a enderezar, ella se debió de dar cuenta y salió del baño dando un portazo. Mi mujer pensó que era porque nos había visto desnudos a los dos en la bañera.

Me fui a ella y le hablé:

-Oye, siento que nos hayas visto así. Es normal que las parejas hagan el amor y….

-No, no pasa nada.

-Imagino que tu también habrás hecho….Me callé. Iba a meter la pata si seguía hablando. Se daría cuenta de que la había visto hacerlo con su novio.

Se disculpó y se fue a su cuarto.

Un día, a la hora de la comida me preguntó algo. No sabía por donde iba a salir.

-¿A mamá le gusta que te pongas encima?

Me puse colorado como un tomate.

-Me refiero a cuando hacéis el amor. Como tu tienes esa barriga y eso. Vamos, lo siento si te he ofendido.

Pero no me ofendió. Me estaba poniendo cachondo.

-A tu madre no le importa que me ponga encima. Ver botar mi barriga la pone más cachonda aún. Como ella no tiene tripa, puede rozarla con la mía. Y le encanta ponerse encima mío y ver como bota.

-Mi chico no tiene tripa, confesó. Y a veces no me gusta que esté tan plano. Cuando lo hacemos se le notan las costillas. Me gustaría que mi novio tuviera un poco de tripa. No tanto como tu, claro, pero algo.

Entonces no sabía por donde iban los tiros….

Una semana después estábamos los 3 desayunando. Mi mujer terminó rápido porque tenía que irse pronto a trabajar. Esa semana le habían pedido entrar un poco antes.

Nos quedamos solos mi hija y yo. Ella estaba mojando galletas en la leche, cuando de repente hizo un gesto con la galleta. Eran de estas alargadas y simuló claramente que era un pene que se metía en un coño.

Primero lo hizo despacio, muy despacio y luego aceleró el movimiento. Terminó salpicando algo de leche y gimió como si fuera un tío. Buf, buf, buf.

-¿Qué haces hija? Le pregunté.

-Nada papá. Imaginaba que la galleta se follaba a la leche. Je,je.

Yo estaba sin camiseta y con el movimiento al mojar las galletas y después los cereales, mis tetas y mi barriga se movían un poco. De repente, noté el pie de mi hija sobre mi paquete. Empezó a restregarlo.

-Hija, ¿qué haces?

-Ya te dije que mi novio no tiene tripa. Está muy delgado y…

-Ya, ya lo sé. ¿Y qué pretendes frotando mi paquete?

-Que mires a tu hija con otros ojos. Ya no soy una cría pequeña.

-¿Quieres follar con tu padre? Se lo solté así sin más, sin pensar.

-Dicho así, suena un poco fuerte. Mejor digamos hacer el amor.

Mi hija se levantó despacio. Recogió los platos y los vasos, yo todavía no había acabado y los echó en la pila.

Me cogió de la mano y me llevó a mi habitación, bueno la de mi mujer y yo.

Allí me tumbó y me quitó el pantalón corto que llevaba y el calzoncillo. Ella llevaba la iniciativa.

Me dijo que lo haríamos a pelo. No le pregunté siquiera si tomaba la píldora, aunque era muy joven para ello.

Enseguida estaba comiéndome la boca y yo la correspondí. Mi polla se puso tiesa enseguida y me pidió que se lo hiciera en la postura del misionero. Quería sentir mi barriga sobre ella.

Así lo hice. Se la metí más bien rápido y enseguida empecé a entrar y salir de su coño joven, adolescente. La fantasía de mi vida echa realidad.

No duré demasiado esa primera vez, la verdad, y me corrí con un gemido alto, que enloqueció a mi hija, que me clavó las uñas con fuerza.

Estaba claro que ella no se había corrido aún, pero disfrutaba con mi polvo y con mi corrida.

-Es lo mejor hacerlo a pelo papá. Me confesó. Con mi novio tenemos que hacerlo siempre con goma y es un rollo porqué no le siento bien.

Mientras me recuperaba para volver a follar, mi hija me confesó que le gustaba masturbarse pensando en mi y que debía tener a su madre muy satisfecha con mis polvos.

La verdad no le dije nada. Imagino que mi mujer disfrutaba, pero es que nunca fue muy expresiva en ese aspecto.

Mi hija me la meneó un poco más, ya estaba casi a punto y cuando estaba otra vez empalmado se tumbó de nuevo boca arriba, se abrió de piernas y me invitó a penetrarla de nuevo.

-¿No quieres ponerte tu encima? Le pregunté.

-No, papá. Acabemos así. Anda fóllame y llévame al orgasmo.

Obedecí enseguida y volvimos a follar. Está vez duré más que antes, evidentemente y mi hija se corrió por los menos dos veces antes de hacerlo yo de nuevo. Fue increíble.

Con esto terminó el relato y el anfitrión aplaudió y todos hicimos lo mismo.

Volvió a aparecer la chica y se lo llevó. Pero esta vez no le hizo una mamada, porqué al poco oímos los gemidos de ella, sin duda estaban follando.

Más tarde, el hombre me contó que se lo hizo a cuatro patas, con ella apoyada en la silla donde me había sentado para la mamada. Vaya, hombre afortunado, pensé.

El anfitrión nos invitó a parar un rato y a tomar algo para reponer fuerzas. Teníamos bebida y unos sandwiches que comimos en silencio antes de retomar los relatos.

El chico de los 25 años intentó contarme algo, pero la chica no le dejó. Parece ser que no querían que contásemos nada entre nosotros.

La chica le sonrió y sonó una especie de campana. Parecía el timbre de cuando acabábamos el recreo en el instituto.

Como estudiantes obedientes, volvimos a sentarnos.

Volvimos de nuevo al sorteo y salió la letra D. ¿Casualidad? No sabría que decir.

-Antes de nada quiero pedir disculpas porque en un principio no creí que este club fuera real, explicó el joven. Ahora que he comprobado lo cierto que es, quiero agradecer a todos darme esta oportunidad y ahora contaré mi historia.

Realmente no tengo una hija. Es la hija de una amiga a quien me estoy tirando, pero el anfitrión me dijo que podía contar mi historia igualmente.

Se llama —, tiene 14 años y es una cría muy adulta para su edad. Tiene el cuerpo de una mujer de 20 años por lo menos. Tiene un buen par de tetas, un buen culo y unas caderas anchas que me gusta sobar mientras me cabalga. Bueno, perdón, me estoy apresurando.

Esta amiga me pidió un día hacer de canguro de su hija y de unas amigas. La chica que había contratado se había roto la pierna justo el día antes y estaba en el hospital.

Le dije que si, que incluso no tendría que pagarme nada, pero ella insistió. Quedamos sobre las 9 de la mañana, era verano y las crías no tenían colegio.

Llegué antes de las 9. Tras enseñarme la casa y donde tenía la cosas para preparar la comida, ya que faltaría casi todo el día, nos despedimos.

Preparé un buen desayuno, no lo habían tomado aún y tuve que poner orden un par de veces porqué las crías no paraban quietas.

La hija de mi amiga terminó la primera de desayunar y llevó el plato y el vaso a la pila y ella misma lo fregó.

Las otras dos se hicieron las remolonas y tuve que ser yo el que fregara los platos y vasos.

Ella se fue a su habitación y cerró la puerta. Las otras se pusieron a jugar con la tablet.

Yo me senté en el sofá y me puse a dormitar, me había entrado sueño y la verdad, no tenía nada que hacer.

Me desperté a la 1 de la tarde. Me había quedado profundamente dormido y ahora tenía que preparar la comida.

En ello estaba, la chica no aparecía, así que en un momento, decidí llamar a su cuarto para decirle que quedaba poco para que la comida estuviera preparada.

Como no abría la puerta, decidí entrar y cual fue mi sorpresa cuando la descubrí viendo una película porno.

-¿Qué estás haciendo?

-Viendo una peli para adultos.

-Una película porno querrás decir.

-Si, una porno.

-Pero tienes 14 años. Deberías estar viendo una película de dibujos animados o algo de eso.

-Ya soy mayor y veo lo que quiero.

-No debes saber aún que el sexo.

-¿El sexo? Si, ya se lo que es. He espiado a mis padres muchas veces haciéndolo.

-Eres una cría. Anda, vamos, deja eso y ven que la comida ya está casi lista.

-Espera, que la tía está a punto de correrse.

¿Qué lenguaje es ese para su edad? pensé.

Fui a cogerla del brazo y a apagar la tele, cuando ella se giró y me dijo:

-Te la chupo y me dejas terminar de ver la peli.

-¿Qué dices niña? ¿Cómo que me la chupas?

-Si, tu polla. ¿Te gustaría?¿La tienes grande?

-Anda, vamos, se lo contaré a tu madre.

-Si se lo cuentas, le diré que a mi padre que te la follas.

Me estaba chantajeando. Era verdad que habíamos follado un par de veces y la niñata esta se había enterado.

-Venga, que la peli está acabando.

En un principio estaba paralizado, pero luego no pude evitar una calentura. Me bajé un poco el pantalón y el calzoncillo y le enseñé mi polla a una cría de 14 años. Estaba morcillona.

Empezó a chupármela como una loca, como si tuviera 20 años mientras seguía viendo la película.

Después de un rato estaba a tope y justo cuando la tía de la película se corrió yo estaba a punto.

-Sácala, me dijo, no quiero tragarme tu semen.

Solo con decirme eso, la sacó de mi boca y yo no pude mas y me corrí en su cara adolescente, dos chorros grandes y el resto cayó en su pechera.

Las niñas nos llamaban desde la cocina y justo en ese momento me di cuenta de que me había dejado la sartén en el fuego y la comida se estaba quemando.

Me limpié la polla corriendo y la limpié a ella y salimos de la habitación.

Arreglé el desaguisado y comimos lo que pudimos.

Las peques se fueron a echar la siesta más tarde y la cría me volvió a chantajear con follar conmigo o le contaría a su padre que me tiraba a su madre.

No sabía que era peor, si que supiera que me tiraba a su mujer o a su hija.

La cría parecía que tuviera más años de lo que tenía, porque era ella la que llevaba la iniciativa.

Después de volverme a chupar la polla, me hizo masturbarla guiándome con su dedo. Cuando se corrió con mi dedo, no se quedó satisfecha y me hizo que le metiera el dedo por el culo.

La muy zorra gemía como una loca, pero bajito, para que las otras niñas no pudieran oírla. Yo estaba como loco viéndola así.

No podía pensar más que en otra cosa que en metérsela.

Evidentemente no tenía gomas conmigo y si me corría dentro sin protección podría dejarla embarazada, porque ella ya tenía la regla.

Se lo dije, pero al parecer le dio igual. Quiso que me corriera fuera.

Se puso encima mío, pese a ser tan joven, era muy dominante y quería que lo hiciésemos así.

Esa primera vez follamos rápido, para que no pudieran pillarnos. Ella me cabalgó con fuerza. Sus tetas adolescentes subían y bajaban al ritmo de mis embestidas. Era muy excitante ver como me estaba follando a una cría tan joven.

-¿No te corres aún? Me dijo. Si que duras. Las niñas se van a despertar.

Encima la jodía me estaba metiendo prisa.

Me incorporé y le sobé las tetas. Chupé sus pezones y noté como llegaba al orgasmo.

Me corro, aquí dije su nombre. Me voy, me corro, me voy, jodeeeeer, me corroooooooooo.

No pude evitar soltar unas gotas de semen dentro de ella, porque no le dio mucho tiempo a salirse de mi.

Terminamos de follar. Vi que las sabanas habían quedado un poco manchadas. Nos vestimos y oí como las niñas se habían despertado y se iban a la cocina. Estaban esperando la merienda.

Cogí las sabanas y antes de preparar la merienda, les dije que les enseñaría primero como poner la lavadora. La chica sonreía mientras metía las sabanas manchadas de mi semen.

Luego preparé la merienda.


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