Estaba orinando en un baño público, cuando veo a la limpiadora arrodillada y con una tanguita bastante pequeña


Aquella limpiadora de los servicios públicos

Desde muy joven me he considerado curioso para esto del sexo, dicen que por este motivo algunas personas se aprovechaban, la curiosidad con lleva también ingenuidad, inocencia e inexperiencia. Desde siempre yo era uno de esos que atravesaba el parque María Luisa, ya sea en su día para ir al colegio como para demás estudios. No porque debiera hacerlo, sino que el cruzarlo tardaba la mitad de tiempo, tiempo que aprovechaba para jugar u otros menesteres.

Al principio y la mitad de las veces era para jugar, pero las otras veces era para ver revistas X e incluso para espiar parejas, sobre todo a mediodía. Solía irme a eso de las tres de la tarde, tiempo que menos gente había en los parques y que estos sabiéndolos, iban allí a darse el lote. Por ese tiempo, también fue cuando fui descubierto y me reubicaron mis tendencias sexuales, no significo que me dejara de gustar las mujeres, sino que algunos hombres se aprovecharon de mi sexualidad, hombres que ejercían su edad para instruirme en este mundo del sexo.

Recuerdo algunas anécdotas de aquel tiempo, bueno más que algunas serian cientos, pero las dejaremos apartadas de momento, centrándonos precisamente en esta en particular. Recordando… recordando, os voy a contar donde me llevo mi curiosidad… vale, mirad conocí a un desconocido que me llevaba como yo decía… “Por el lado oscuro de la fuerza”, lado que no era otro que para su beneficio. Según en sus enseñanzas, debía de fijarme bien en que hacía y como lo debía de hacer. Este buscaba lugares oculto a miradas indiscretas, lugares donde podría dar rienda suelta a sus depravaciones, llevándome en más de una ocasión a unos baños públicos que había cerca.

Baños en que nos poníamos a orinar en los urinarios que estaban sujeto a la pared. Momento en que primero manoseaban mi culo y que poco a poco introducía su mano entre el urinario y mi cuerpo, mano que cogió mi miembro y comenzó a magreármelo junto a mis testículos. No contentándose con esto, acabo por bajarme los pantalones y calzoncillos y allí mismo, tras introducírselo dentro de su boca, comenzaba a darme tal mamada que me hacía perder la noción del tiempo.

Ellos mientras tragaban mi miembro, se entretenía al mismo tiempo en acariciar mi pecho o magrear mis nalgas, llegando poco a poco a introducirme uno de sus dedos dentro de mi orificio anal, virgen por ese tiempo. Lógicamente fuimos descubiertos en más de una ocasión, ya sea por personas que venían a orinar como por la limpiadora de los aseos, señora que trabajaba allí, llevando el mantenimiento y la limpieza.

En cierta ocasión en que estaba orinando o al menos fingía, entro un desconocido el cual se colocó en el urinario contiguo, este no dejaba de mirarme, cosa que yo continuaba allí sin moverme, pues en realidad esperaba a otra persona. Este alargo su mano hasta introducirla entre el urinario y mi cuerpo, comenzando a palpar mi miembro, soltándome…

“Veo que estas caliente”.
Callo más por precaución, no deseando darle conversación, cosa normal en mí. Volviéndome a preguntar…

“Menuda polla que tienes, esperas a alguien”.
Vuelve a decirme, sin dejar de masturbarme… mmm. Sintiendo como esa mano grande y peluda, aprieta mi tronco y desliza su basta mano de atrás hacia adelante, dejando escapar sonidos de satisfacción por mi parte… aaahhh. Soltándome…

“Te gusta, verdad…”.
No deja de masturbarme suavemente, comenzando también a dejar mi miembro y dedicarse con mis testículos… mmm. Creo recordar que lo primero que escuché fue el ruido de una manecilla (o pomo), acordándome de la limpiadora, pues los servicios no son solo de hombres, ya que al otro lado está la parte de mujeres. Advirtiéndole a este primero…

“He escuchado algo, nos puede coger”.
Continuando por proponerle…

“Mejor nos vamos a otro sitio mejor”.
Respondiéndome…

“No, mejor que este sitio, no hay ninguno”.
Volviéndose a introducir mi miembro dentro de su boca, engulléndosela por completo… aaahhh. Momento en que el ruido de la manecilla es mayor, ruido que más parece que es un aviso para nosotros. Este rápidamente se saca mi miembro de su boca y se marcha, dejándome allí sin saber qué hacer, no quedándome otra que colocarme nuevamente en mi urinario, volviendo a fingir que orino. Entra la limpiadora y me pregunta…

“Estas solo o hay alguien más”.
La miro y sin retirarme claro está, respondo…

“Solo estoy yo”.
Abre la limpiadora de par en par la puerta que separa ambos servicios, entrando con un cubo, una fregona, un trapo y una escobilla. Dirigiéndose hacia las puertas de acceso al aseo de caballero, puertas que cierra al tiempo que me pregunta…

“Te falta mucho para acabar de orinar”.
Respondiéndole…

“Pues no lo sé. Estaba comenzando a orinar cuando le he visto entrar, cortándome las ganas de mear”.
Volviéndome a decir la limpiadora…

“Entonces, sino tienes ganas de orinar, te puedes marchar”.
“Debo de limpiar los aseos y esta hora es la idónea para hacerlo, pues a mediodía no suele venir nadie a excepción de algún degenerado”.
Respuesta que me corta aún más, viéndome descubierto, acabando por contestarle…

“Mire si se espera un poco puedo acabar y marcharme. No vaya a darme ganas nada más salir y no tenga sitio donde hacerlo”.
Recuerdo que me mira y calla, continuando esta por proponerme…

“Mira, vamos a hacer una cosa, tu intentas acabar de orinar… vale, mientras yo comenzare a limpiar. Así ambos salimos ganando… de acuerdo”.
Muevo mi cabeza a modo de aprobación. Viendo esa mujer entrar, dirigirse a un habitáculo, donde comienza a llenar el cubo de agua al tiempo que me dice…

“Te sirve el sonido del chorro caer, conozco a más de uno que sí”.
Contesto…

“No, no me sirve”.
Contestándome ella…

“¿Qué delicadito eres… NO?.
Yo iba a lo mío. La veo salir y comenzar a limpiar las zonas de los W.C., miro hacia atrás y veo a esa mujer de rodillas, limpiando el wáter por detrás, posición que hace que mi polla se me ponga dura, efecto que me quita toda gana que hubiera tenido de orinar. Observo el pandero de esa señora que para la edad que tiene no está nada mal, no digo que una mujer de unos cuarenta y pico de años, no debe de tener un buen trasero, pero quizás fuera la posición de esta o que llegue a verle sus bragas lo que me hizo fantasear… mmm.

Mirad las mujeres que limpian los aseos públicos de los parques de Sevilla, son mujeres en su gran mayoría cuarentonas, señoras que han entrado supuestamente por oposición, aunque conozco algunas por mis padres que han entrado por enchufe. Estas a pesar de venir a trabajar a limpiar los aseos, vienen arregladas e incluso muy arregladas, luego aquí se cambian, colocándose una bata larga de mangas corta (si es verano y larga, si es invierno) y unos zancos para estar cómoda.

Se de sobra que suelen traer el desayuno, almuerzo e incluso la merienda, pues cuando paso las veo picar unas veces y otras comer, oliendo bastante bien eso que trae en sus recipientes. Luego compaginan la limpieza con el mantenimiento y la vigilancia, debiendo ser ellas las que abren por las mañanas y las que cierren por las noches.

Se me acerca y me dice…

“Aun no”.
Contestándole…

“Que va”.
Soltándome ella…

“Pues ya solo me queda esta zona”.
“Mira, vamos a hacer una cosa, yo limpio los urinarios estos, mientras tu acaba. Te prometo que no hace nada que te incomode, a ver si logras acabar antes de llegar al tuyo”.
Asiento con la cabeza al tiempo que veo a esta señora, colocarse en el primer urinario a dos del mío. Yo intento orinar, restregándome y dándome un par de tirones, teniendo la sensación que esta limpiadora me mira de vez en cuando. Quizás para cerciorarse que por fin he logrado orinar, cosa que no voy a hacer y ya no solo por los nervios, sino por sentir su mirada.

Me da por mirarla, ella está en cuclillas limpiando el urinario por el lado, dándome cuenta que desde mi distancia, puedo ver la parte interna de sus muslos… mmm, fijándome bien que no lleva las medias tipo pantys, sino esas de llegan a media pantorrilla o también llamadas mini-medias.

No pude evitar mirar, menos mal que ella no miraba al menos eso pensaba, dándome por retroceder un paso hacia atrás y ver que hacia esta. Dejo de mirarme, pensé que me había descubierto, pensé que había deducido mis intenciones. Dejo de limpiar el primer urinario, colocándose en el segundo a uno del mío, colocándose a medio metro mía y sin dejar de mirarme, no precisamente a mi miembro, me soltó…

“Que aún no te entras ganas de orinar, vas a tener que darte prisa pues ya estoy aquí”.
Ella continuaba limpiado el segundo urinario, mientras yo me frotaba mi tronco a modo de hacer para orinar, tiempo que notaba como me miraba sigilosamente mi miembro. Acabo por decirme…

“Que vas a orinar o no, o quizás van a tener que ayudarte”.
Nada más escucharla, la mire e instintivamente me gire un poco, poco que esta aprovecho para introducírsela dentro de su boca… mmm. Comenzó esa mujer a chupármela sin ayuda de sus manos, pues ni siquiera se había quitado los guantes de limpiar… aaahhh. Como tragaba la muy cabrona, parecía una mojigata y como me engaño, chupaba mi glande como si se tratara de un chupachup, mirándome a los ojos… mmm. Sacándosela y decirme…

“Mejor así”.
Yo me mantuve callado, sorprendido más que abochornado, disfrutando de esa ardiente boca por no decir de sus labios… uuummm. Se quitó primero el guante de su mano izquierda, mano que coloco en mis testículos y comenzó a magreármelos… ooohhh, mientras tragaba era ella quien emitía sonidos de satisfacción en vez que yo. Quitándose el segundo guante, guante de su mano derecha, está la poso sobre mi muslo derecho, mientras continuaba chupándomela, llegando a tragársela por completo… aaahhh. Acabando por soltarme…

“La tienes muy grande para lo jovencito que eres”.
“Debes de tener cuidado, no vaya a hacer que alguien se aproveche de ti”.
Diciéndome esto, continuo chupándome mi glande, lamiendo e ir descendiendo por mi tronco hasta mis testículos sin vello alguno. Cosa que le llamo la atención y me pregunto…

“Te depilas ya, o es que aún no te han salido los pelitos”.
Contestándole…

“No, no me he depilado, lo que pasa es que aún no me han salido vello por esa zona”.
Mientras no deja de masturbarme tanto mi miembro como los testículos, me responde ella…

“Pues sabes una cosa, mira si puedes, manténtelo de esta forma. Cuando te comiencen a salir, sí puedes te lo depilas, vale”.
“No sé qué te parece a ti, pero creo que a la gran mayoría de nosotras, preferimos un hombre sin vello alguno por esta zona”.
“Lo digo, porque mi marido tiene mucho vello, son de esos hombres que se les llama… osos, no sé si me entiendes”.
“Pero sabes, aunque me llevado toda la vida sacándome los pelos de la boca., y aunque dicen que para ser hombre debe de tener pelo. Sabes, me gusta más como lo tienes, ya que es agradable hacerlo así… mmm”.
Decirme esto y acerca de nuevo sus labios a mi glande… mmm, pasándoselo por toda la cara ante mi cara de estupefacta… ooohhh. Volviéndosela a introducir dentro de su boca, moviendo su cabeza al compás de las atragantadas… aaahhh. Deslizando sus labios por mi tronco hasta mis genitales nuevamente, chupando y lamiendo y nuevamente comenzar… ooohhh.

Desde mi altura, no pierdo detalle de su escote, pues puedo adivinar sus enormes pechos… mmm. Cosa que se da cuenta y sonríe, me suelta…

“Te gusta lo que vez”.
Sonrió y no hace falta decir nada más. Ella sin dejar de comérmela, comienza a desabotonar botón por botón de su bata azul marino… uuuffff. Debajo de esa bata azul, descubro que solo lleva una combinación beige, combinación que no aprecie por su escote, un sujetador y bragas… mmm.

Siendo ella misma quien deslizo las cintas de la combinación por sus brazos… mmm, dejándolo caer un poco, continuando por tirar de las copas del sujetador hacia abajo, sacando sus enormes pechos fuera… uuuffff. Notando ella que eso me gustaba al sentir como mi polla vibraba sola. Soltándome…

“Te gustan”.
“No te apetece tocarme los pechos”.
Dirigiendo mis manos torpemente a sus senos… mmm, comencé a acariciárselos… mmm, soltándome esta…

“Tu cógelos con fuerza, no tengas miedo que no se van a romper… mmm”.
Continúe acariciándole los pechos, comenzando por caricias intensas pero al mismo tiempo suave. Me gustaba el tamaño de sus pezones grandes y oscuros, notando por sus gestos y gemidos que mis caricias se excitaban aún más, continuando con sus mamas chupándolas cuando podía y lamiéndolas, no dejando ella de gemir en ningún momento… uuummm. En un momento, me pregunto ella muy decidida…

“Lo has hecho ya con una mujer”.
La miro y sonrojado, le contesto…

“Sí”.
Volviendo ella a decirme…

“Pues la verdad es que no lo pareces, no te avergüences si no lo has hecho nunca. Pues de hoy no pasas, además me tienes muy caliente”.
“Mira, no vamos a ir de remilgados, no tenemos tiempo, ni tenemos un lugar mejor donde hacerlo. Vamos a probar una postura de esas que a los hombres les gusta mucho, yo solo lo he hecho con mi marido un par de veces, el pobre no aguanta mucho con los nervios y se viene pronto”.
Coge y se dirige hacia los lavabos, inclinándose hacia delante, me dice…

“Vente hacía aquí”.
Me acerco a ellas por detrás, deteniéndome justo cuando mi miembro toca sus nalgas… mmm. Ella suspira, dirige su brazo hacia atrás hasta que su mano coge mi miembro, tira de el hasta su peludo orificio vaginal, primero comienza a restregárselo para poco a poco al tiempo que yo empujo… mmm, comienza a entrarle… aaahhh. Soltándome…

“Muévete tú, como los de las películas, dame fuerte, no te importe mis gritos… aaahhh, sigue… dame… aaahhh”.
Yo me movía de delante hacia atrás, embistiéndola una vez tras otra, penetrándola fuertemente como ella me había pedido, mientras ella no dejaba de gemir y de gritar. Comenzando a soltarme, comenzando por coger sus senos y acariciárselos… uuuffff. Tiraba de su bata hacia arriba en compañía de su combinación, dejándoselas en su cuello remangados, el sujetador colgaba de sus hombros suelto desde hacía rato… mmm.

Acariciaba su espalda, besaba e incluso llegaba a morder su piel, magreaba sus nalgas e incluso palmeaba (azotar, golpear como gustéis decirlo) como he visto en películas X. Ella se estremecía y me decía…

“Hacía muchísimo que un hombre no me trataba así… mmm”.
Me encantaba ver sus grandes senos botar al verse reflejar por el cristal, cuando ella comenzaba a gritar cada vez más fuerte… aaahhh… aaahhh, fui aminorando las embestidas, deseaba que gozara más. Acabando por decirme…

“No… ahora no, dame más rápido… más rápido… aaahhh”.
Volviendo a acelerar, pues sus gritos y sus suplicas… aaahhh, eran más que un hecho que ella iba a obtener su orgasmo… uuummm. Comencé a acelerar mis embestidas al tiempo que la sujete de la cintura, siendo implacable en cada una de mis embestidas hasta que esta gritona me hizo saber que ya se había venido, sofocada y sonriente me pedía…

“Para… para campeón, dame un minuto para recuperarme… uuufff, que una ya no está para tanta caña… ooohhh”.
Me mira y me pregunta…

“Tu aun no te has venido aun… verdad”.
No hace falta contestación alguna, cuando ve mi polla dura como una barra de acero, proponiéndome esta…

“Mira, vamos a continuar un poco más y sino, ya veremos”.
Apoyo sus nalgas sobre el lavabo al tiempo que me acercaba, no hacía falta ya indicación alguna, tome mi miembro y lo conduje hacia su coñito sonrojado y empapado… mmm. Ella comenzó a gemir nada más introducirla, no dejando de gemir en cada uno de mis embistes… uuummm, comenzando a acelerar, siendo en este caso síntoma que yo me iba a venir. Advirtiéndoselo…

“Me voy a venir”.
Respondiéndome ella…

“Pues machote, si quieres pues venirte dentro de mí, no pasa nada, puedes hacerlo con toda tranquilidad… aaahhh”.
Comenzando a correrme a escasos minutos, no dejando de penetrarla a pesar de haberme venido ya, no dejando de embestirla a pesar de su cara, una mezcla de satisfacción al tiempo de la de asombro… mmm. Comenzando ella a gritar cada vez más alto y más seguido, sintiendo como su cuerpo se convulsiona y se estremece, acabando en un segundo orgasmo que según me hizo saber…

“Nunca había tenido dos orgasmo, menos aún tan intensamente… ooohhh”.
Saque mi polla aun erecta de su peludo coño, no dejándola reponerse, pues deseaba saborearlo a pesar de tener mi semen dentro de ella… aaahhh. Comencé a chupárselo, mientras no dejaba de gemir, no dejaba de suplicarme que parara, no dejándome de rogarme que me detuviera.

Tras descansar un poco ambos, mientras veía como se vestía, me suelta…

“Chico… la próxima vez que necesites que alguien te la chupe, coge y te pasas por aquí, te aseguro que yo te lo hare encantada… de acuerdo. Pues anda… corre para casa”.


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