Arelí disfrutando de la vida con su mascota después de un divorcio


El timbre me despertó abruptamente, miré mi celular y en él se leían las dos doce de la madrugada. Un poco desorientada y preocupada por supuesto, bajé a la puerta principal y miré por el monitor, al otro lado de la puerta logré reconocer a mi amiga Areli. Volvió a tocar el timbre desesperadamente y abrí la puerta de inmediato.

-¿Qué pasó?- Pregunté al mismo tiempo que abría la puerta. Ella al verme rompió en llanto y se abalanzó hacía mí sin previo aviso. Nos abrazamos por varios minutos que parecían una eternidad. Al fin comenzó a balbucear algo que no pude comprender.

-Dejé a mi esposo- Sus ojos hinchados por el llanto me miraban fijamente cuando nos apartamos y sin pensarlo la invité a entrar. El carro que estaba en la calle continuó su marcha, supuse que fue como había llegado y cerré la puerta tras nosotras.

Pasamos a la cocina donde preparé té verde para calmar sus nervios y se dispuso a contar lo que había sucedido. Después de terminar nuestro té y de que Areli terminara de llorar nos dirigimos a mi habitación e intentamos dormir.

A la mañana siguiente dejé que Areli durmiera mientras yo me preparaba para comenzar mi día, fui rápidamente a mi boutique para recibir un pedido y aproveché para llevarle varios cambios de ropa a Areli. Regresé a casa antes del medio día, Areli ya estaba despierta, la encontré en la cocina desayunando. Llevaba puesta una de mis batas y al verme entrar me saludó con la mano y después movió la bata con la misma mano.

-Espero que no te moleste que la haya tomado.

-Para nada, de hecho te traje varios cambios de ropa.

-Gracias, espero no sea una molestia.

-Para nada. Cambiando de tema, ¿qué vas a hacer?

-Comenzar mi vida de nuevo, supongo.

La acompañé mientras ella desayunaba y me acerqué para acariciar su cabello, y sus mejillas. La miré detenidamente, su cabello castaño, sus ojos que a pesar de lo que había pasado se mantenían alegres, su piel suave y morena.

-Sabes, mientras estuve en la boutique estuve pensando. ¿por qué no nos vamos un tiempo de vacaciones? Para que puedas despejar tu mente de esta situación. Una amiga me dijo que podía ir a visitarla cuando quisiera. Tiene un rancho a unas tres horas de la ciudad.

Ella asintió con la cabeza pero no respondió nada. Terminó su café, lavó su taza y después respondió que le parecía perfecto pero que debía avisar a sus hijos.

Le dije que podía llamarlos pero sin decirles dónde ni con quién se encontraba en este momento. Después de llamarlos se notaba mucho más tranquila.

Llamé a mi amiga para avisarle que íbamos para allá, ella no se mostró molesta pero sí me dijo que ese día estaría un poco ocupada, que le avisáramos cuando hubiéramos llegado al pueblo para que alguien fuera a buscarnos.

Decidimos hacer el viaje en autobús para evitar agotarnos. Llegamos un poco antes de las tres horas estimadas, cuando faltaba poco para llegar al pueblo volví a llamarla y me dijo que ella personalmente nos esperaría en la plaza principal para después ir a su rancho.

Le dije a Areli que el pueblo era pequeño pero lleno de vida. Ella sonrió y se asomó por la ventana, faltaban pocos minutos para llegar a la pequeña terminal y de ahí caminaríamos a la plaza para encontrarnos con mi amiga.

Ya en la plaza divisé a María sentada en una banca, quien estaba acompañada por un hermoso labrador color paja quien comenzó a mover la cola con entusiasmo mientras nos acercábamos. María volteó y sonrío al vernos, le presenté a Areli y la saludó como si la conociese de toda la vida, su energía positiva es lo que siempre ha caracterizado a María y agrada a toda aquella persona que la conoce. Sam, el perro, nos seguía sin correa y se detenía para esperarnos fuera de las pocas tiendas a las que entrábamos. María es entrenadora canina y espor eso que le encargué a Duke un tiempo.

Después del pequeño recorrido por el centro del pueblo nos detuvimos para comer en un pequeño mercado y cuando Areli se disculpó para ir al sanitario aproveché para mencionarle lo que había sucedido.

-Creo que Areli es la candidata ideal para comenzar tu nueva terapia.

-No lo sé, apenas la conozco.

-Pero yo la conozco de toda la vida y ella no se molestará y no habrá problema alguno. Creo que Sam será el candidato perfecto para la terapia.

María comenzó a jugar con su cabello, señal de que estaba pensando seriamente la propuesta. Después de un momento que parecía eterno, asintió con la cabeza. –Pero si llega a pasar algo malo, toda la responsabilidad recae en ti- comentó con un tono serio.

-Me parece justo, y como ya dije antes, no habrá problema alguno.

La tarde casi llegaba a su fin cuando llegamos al rancho, fuimos directo a la cabaña principal donde pasamos algo de tiempo tomando y charlando de nimiedades. María explicó su trabajo como entrenadora canina y porqué dejo la vida en la ciudad.

Después de varias copas, Areli mostró su lado exhibicionista y se quitó la blusa mostrando su sostén con estampado floreado. María y yo reímos, y decidimos dejarla tener un buen tiempo. Después de la pequeña fiesta que tuvimos, María nos llevó a nuestra pequeña cabaña donde Areli cayó rendida.

A la mañana siguiente María nos llevó por todo el rancho, mostrándonos las caballerizas, el pequeño huerto, la piscina, y demás lugares de la propiedad. Al final del recorrido señaló una casa y nos explicó que es ahí donde dará las nuevas terapias caninas, dicho esto me sonrió y guiñó el ojo.

A medio día decidimos almorzar en la piscina, yo me puse mi bikini blanco: Areli se puso uno rojo pequeño, la tanga dejaba mostrar sus torneadas nalgas; María llevaba un discreto traje de baño azul con blanco que parecía que su cuerpo estuviera formado por el cielo y las nubes. Nos refrescamos un poco y después María nos dijo que la acompañáramos a ver las perreras. Al llegar Duke me reconoció y comenzó a ladrar emocionado, Sam estaba junto a él en la misma perrera. En total había seis perros en tres perreras, las demás aún no estaban ocupadas pero María nos dijo que planeaba tener al menos veinte perros en total de distintas razas. Me acerqué a saludar a Duke y María abrió perrera, él saltaba y corría de la alegría. Areli se quedó atrás y María le explicó lo que habíamos decidido acerca de la terapia, pero ella hizo una mueca de disgusto. Le dije que lo intentara que no tenía nada que perder. Después de minutos de intentos para convencerla al fin accedió pero no estaba convencida del todo.

Entramos a la casa destinada para las terapias, la cual tiene una pequeña sala y una habitación. Areli se quedó extrañada pero tomó asiento en el pequeño sillón, mientras María y yo salimos, yo me dirigí a nuestra cabaña por algo para Areli y María metió a Duke y llamó a Sam para entrar con Areli.

Al regresar Areli estaba riendo y acariciando a Sam, divisé a María entrar a la habitación. Regresó con una máscara para dormir y se la puso a Areli.

-Tenemos que trabajar en tu confianza primero.

Areli asintió con la cabeza y se recargó en el respaldo del sillón, María llamó a Sam y lo llevó a la habitación y lo dejó adentro. Se acercó de nuevo a Areli y se sentó junto a ella, noté que su respiración se agitaba un poco. María la rodeó con su brazo derecho y apretó su hombro con su mano.

-No te asustes, no te pasará nada.

-Yo estoy aquí, confía en nosotras- le dije mientras acercaba una silla y me sentaba en frente de ellas.

María acariciaba el brazo de Areli y se acercó al nudo del bikini y con cuidado lo desató, con un golpecito, María le indicó que alzara los brazos y se lo quitó. Yo me acerqué y acaricié sus muslos, sentí la suavidad de su piel mientras mis manos subían y bajaban, al fin alcancé la tanga y la tomé por los costados, jalándola lentamente, podía sentir el nerviosismo de Areli pero ella no mostró oposición, arqueó la espalda y pude terminar de jalar su tanga. Su monte de venus depilado delicadamente dejaba ver sólo una pequeña línea de vello púbico.

Con mi mano le tomé su tobillo derecho y la puse sobre mi pierna mientras sacaba el par de medias blancas con encaje que había traído. Levanté su pierna de nuevo y cuidadosamente le puse la media hasta llegar al muslo, hice lo mismo con la otra pierna. Ella soltó una risita nerviosa y María la beso tiernamente en los labios, con su mano izquierda acariciaba lentamente sus pechos, con los dedos jugaba con sus pezones completamente erectos.

Yo seguía acariciando sus piernas, mis manos se deslizaban sobre la tela de las medias y de vez en cuando apretaba un poco, acerqué la silla un poco más para estar más cómoda, alcé sus piernas completamente, poniéndolas sobre mis hombros. Volteé a besar sus tobillos y pantorrillas y después me incliné para acariciar su sexo, sus labios brillaban debido a su lubricación. La acaricié con cuidado, su espeso jugo se pegaba a mis dedos.

María se levantó y con pasos lentos se acercó a la puerta de la habitación y con cuidado de no hacer ruido la abrió, pero el paso rápido de Sam estropeó un poco la sorpresa, se acercó a nosotras pero la voz de María lo hizo detenerse en seco. Areli jadeaba, parecía saber nuestro plan y se movía en el sillón impacientemente. Dejé de acariciar el sexo de Areli y acerqué mis dedos a la nariz de Sam, quien los olfateó y después los lamió hasta dejarlos limpios.

Cuando me di cuenta María ya estaba a mi lado y tomó la pierna izquierda de Areli, me indicó que me levantara mientras ella tomaba la otra pierna, con la barbilla me indicó que me pusiera atrás del sillón y así lo hice. Ya en mi posición noté que había un pequeño banquillo, sin pensarlo me subí en él y después hice ademán de no saber qué hacer. María se colocó enfrente de Areli como si de la posición de “patitas al hombro” se tratase, rodeó sus piernas con sus brazos y la jaló con cuidado quedando su torso recostado después empujó las piernas con cuidado, obligándola a abrirlas lo más que pudo y me las ofreció para sostenerlas por los tobillos. Desde mi posición podía ver todo el panorama perfectamente.

María tronó los labios y Sam se acercó al sexo de Areli, que ahora estaba en su máximo esplendor. –“Lick”- dijo María, acto seguido, Sam actuó como un autómata y comenzó a lamer a Areli. Ella comenzó a gemir y reír al mismo tiempo, movía las piernas intentando liberarse pero las tomé firmemente, el ruido de las lamidas de Sam y los gemidos de Areli inundaban la pequeña sala. Sus labios se separaban cada vez que la lengua de Sam tenía contacto con ellos. Mientras él volteaba la cabeza de vez en cuando para tener mejor accesos al delicioso jugo de Areli.

Areli finalmente gritó de placer y movió las piernas con tal fuerza que se me escaparon de la mano, el orgasmo había llegado y María apartó a Sam para que Areli recuperara el aliento, su pecho subía y bajaba de manera muy rápida. La dejamos descansar alrededor de dos minutos y María la ayudó a incorporarse y la dirigió a la habitación, yo las seguí y cerré la puerta tras de mí. María le ayudó a recostarse en la cama y le indicó que se masturbara.

Las manos de Areli estimulaban su sexo de manera experta, acariciaba un poco su clítoris y jalaba un poco sus labios de vez en cuando, insertaba dedos y se frotaba con gran placer, después María dejó a Sam subir a la cama y sin que se ella se lo indicase, comenzó a lamer de nuevo. Esta vez Areli le ayudaba con sus dedos. Después de varios minutos, Areli adoptó la posición de perrito, seguía frotando su sexo como si no hubiera un mañana y Sam seguía lamiendo, María y yo nos acomodamos de manera que veíamos toda la acción sin problemas, la lengua del perro invadía toda la entrepierna de Areli, pasaba por los labios y terminaba en su ano, los gemidos de Areli eran más fuertes y seguidos, su mano seguía estimulando su clítoris circularmente. Al fin volvió a gritar mientras sus pies subían y bajaban y sus rodillas temblaban. Dejó caer su torso en actitud rendida.

Sam vio esta posición como una invitación y sin dudarlo capturó la cadera de Areli entre sus patas y comenzó a moverse, no tuvo problema alguno en encontrar su más que lubricada vagina y su pene entró sin problemas. Al sentirlo, Areli gritó pero María se precipitó hacia ella agarrando sus brazos evitando que se moviera. Sam seguía bombeando tan fuerte y rápido que su cuerpo quedó completamente encima de ella, su cabeza justo arriba de la de Areli. Su ritmo bajó y al fin se quedó quieto, María soltó a Areli y ahora sostenía a Sam, para evitar que se moviera, tomó la cola del perro y señaló con la cabeza.

-Quiero que veas muy bien toda la acción- dijo y me acerqué.

Era maravilloso, la vagina de Areli había devorado por completo el pene de Sam, alcanzaba anotarse un pequeño pedazo rosa, el perro jadeaba y Areli gemía y de vez en cuando se quejaba, sobre todo cuando Sam se movía, María hacía todo lo posible por mantenerlo quieto. Logré ver pequeños chorros de semen que se salían por los bordes de la vagina de Areli y que goteaban y caían en la cama dejando una pequeña mancha húmeda, instintivamente comencé a acariciar su sexo empapado por el semen canino mezclado con los jugos de Areli, siendo penetrado por ese enorme pene y su nudo. Podía sentir el nudo invasor y vi cómo el esfínter y testículos de Sam se apretaban y relajaban, indicando que aún no terminaba de eyacular. Minutos después Sam comenzó a desesperarse, María ya no podía contenerlo, movió su cuerpo y logré ver cómo el nudo coronaba de la vagina de Areli, aún no salía pero faltaba poco. Al mismo tiempo Areli dejó salir un grito de dolor y gemía con más fuerza, pero Sam no podía liberarse y en cada intento, Areli gritaba. Sam se jaló de manera constante, su nudo estaba por salir, la vagina de Areli se estiró lo más que pudo y el pene salió al fin, con un sonido como si el corcho de una botella de vino se tratase y dos chorros de semen salieron tras el rojo pene. Areli soltó un último grito y jadeó de dolor, su vagina se contraía mientras gotas de semen aún salían de ella.

María comenzó a acariciar su espalda tranquilizándola. Y al fin, Areli dejó caer su cuerpo en la cama.

Me recosté junto a Areli y María hizo lo mismo.

-Creo que esta terapia será todo un éxito.

-Ajá- Dijo Areli asintiendo con la cabeza, aún boca abajo y María y yo reímos.


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